Los frentes abiertos de Netanyahu ante las elecciones

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Una victoria mañana le evitaría un juicio por corrupción y seguir con sus planes para frenar a Hamás e Irán y anexionarse el Valle del Jordán.

Ofer Laszewicki. Tel Aviv.

Las elecciones de mañana supondrán un todo o nada para el primer ministro Benjamin Netanyahu. Los israelíes vuelven a las urnas tras el fracaso del «premier» en abril de lograr los apoyos suficientes para formar coalición a pesar de ser el ganador de los comicios, lo que también ha supuesto una nueva y cansina campaña electoral, muy ruidosa pero con escaso contenido político, donde lo predominante han sido los clips virales en redes sociales con agresivos ataques entre los candidatos.

Netanyahu, a quien su partido Likud ha engrandecido con enormes carteles por todo Israel bajo el eslogan «Otra Liga» –acompañado con imágenes estrechando la mano de Donald Trump o Vladimir Putin– intenta convencer al electorado ofreciéndose como una garantía de estabilidad y seguridad, presumiendo de los buenos vínculos que tiene con los líderes de las grandes potencias mundiales. En la recta final de la campaña ha endurecido su discurso, para intentar que los votantes de partidos más a la derecha que el Likud apuesten por Netanyahu, la «única garantía de evitar un gobierno de izquierdas con los árabes».

Ante la incertidumbre sobre el futuro de las diversas investigaciones judiciales que afectan al «premier», Netanyahu es consciente que, en caso de no seguir gobernando el país, podría verse en el banquillo de los acusados. El líder del Likud afronta tres casos separados por abuso de confianza, soborno y fraude, presuntamente por aceptar regalos de lujo y mantener contactos con editores de medios para recibir una cobertura favorable. Por ello, el asesor letrado del Gobierno, Avichai Mandeblit, le ha citado para una vista previa los días 2 y 3 de octubre.

El propio Mandelblit denegó el martes que los investigadores de los casos hubieran presionado a los testigos asignados por el Estado para aportar falsos testimonios sobre las presuntas corruptelas de Netanyahu. Los investigadores policiales tenían sospechas de que un abogado, que en el pasado asesoró legalmente al primer ministro, estaba presionando para que Or Elovitch, hijo del propietario del gigante de telecomunicaciones Bezek Shaul Elovitch, no aceptara ser testigo del Estado, para así no declarar contra Netanyahu.

Los casos de corrupción y la volátil situación de seguridad en las fronteras, especialmente en el sur, donde en los últimos meses Hamás y otras milicias de la Franja de Gaza han lanzado cientos de cohetes y han impuesto los tempos del conflicto, se han convertido en las principales armas electorales de sus opositores: a derecha, centro e izquierda, acusan a Netanyahu de haber perdido el elemento de «intimidación» frente a Hamás, y de «haberse rendido al terror» por aceptar continuos y frágiles ceses de fuego y transferencias de millones de dólares qataríes a Hamás, así como a las familias gazatíes más necesitadas, que viven una dramática situación humanitaria.

Esta semana, tras múltiples lanzamientos de proyectiles desde Gaza –dos coincidieron el martes con un mitin de Netanyahu en Ashdod, que se vio forzado a detener el discurso para tomar refugio– el primer ministro aseguró tras volver de una visita relámpago para dialogar con Putin en Rusia que «una nueva guerra en Gaza puede ocurrir en cualquier momento, incluso antes de las elecciones, que no suponen ningún impedimento». Una advertencia que han emitido incontables veces altos cargos del Likud en los últimos meses.

Desde la centrista Azul y Blanco, liderada por el ex comandante en jefe Benny Gantz –el único aspirante a formar una coalición de gobierno alternativa–, quisieron retratar la imagen de Netanyahu huyendo al refugio como un signo de su debilidad, y enfatizando que no es capaz de lidiar con la amenaza de los misiles. Desde 2008, el Ejército israelí y Hamás han librado tres guerras, que no han logrado poner fin a la capacidad militar del grupo islamista.

En la esfera internacional, la principal causa defendida por Netanyahu ha sido la denuncia de las intenciones iraníes de obtener armamento nuclear, así como su firme oposición al pacto nuclear firmado entre Teherán y las grandes potencias del 5+1. En su lucha dialéctica y militar con el régimen de los ayatolás –el Ejército israelí ha mantenido choques directos con fuerzas iraníes en Siria, como cuando en agosto evitó un ataque de drones iraníes contra Israel–, el «premier» se llevó una sorpresa cuando Trump anunció el fulminante despido de su asesor de seguridad nacional, John Bolton, un «halcón» que defendía más presión contra Irán y que fue el artífice de que Washington se retirara del pacto nuclear.

Según declaró al «Jerusalem Post» Nathan Sales, un alto oficial del departamento de contraterrorismo de la Casa Blanca, el movimiento de Trump con Bolton, que fue visto como un intento de rebajar tensiones con Teherán en vista de un posible encuentro con el presidente iraní Hassan Rohani, no supone un cambio en la postura de Washington, que lo que pretende es «poner la máxima presión para devolver a Irán a la mesa de negociación».

Analistas israelíes leyeron el «dramático anuncio» de Netanyahu, que prometió anexionar el Valle del Jordán si gana las elecciones –sin esperar a conocer las condiciones del «Acuerdo del Siglo» que desvelará Trump para intentar lograr el fin del conflicto palestino-israelí después de los comicios–, como una respuesta al inesperado giro del líder estadounidense respecto a Teherán.

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La abstención árabe, clave para Netanyahu

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Los resultados se prevén muy ajustados y el «premier» israelí debe evitar un nuevo bloqueo en los comicios del martes.

Ofer Laszewicki . Tel Aviv.

Como ya ocurriera en las elecciones de 2015, Netanyahu ha vuelto a recurrir a la incitación contra el sector árabe de Israel –casi 2 millones, que representan al 21% de la población- como herramienta para alentar a su base electoral. Entonces, lo hizo alertando con sms de último minuto de que “los árabes venían en autobuses a votar masivamente”. Para las elecciones del próximo martes 17 de setiembre, que supondrán una repetición ya que en abril el premier no logró formar coalición, Netanyahu está prolongando el revuelo generado tras descubrirse que activistas del Likud acudieron con más de 1.000 cámaras secretas a centros electorales en aldeas árabes durante la pasada votación.

A toda prisa, intentó pasar en una Knesset en funciones una ley para legalizar la polémica colocación de cámaras. Y fue más allá: en un chat automático, su perfil de Facebook mandó cientos de miles de mensajes privados: “corremos el riesgo de tener un gobierno de izquierda débil, secular, que confía en árabes que quieres aniquilarnos a todos. A mujeres, niños y ancianos, y que permitirá un Irán nuclear que nos destruirá”.

Su táctica de incitación no es en vano: pretende intimidar a los árabes para que se queden en casa el próximo martes, ya que un porcentaje alto de votos en este sector podría ser clave para su derrota política. El Instituto para la Democracia de Israel (IDI), señaló en un comunicado que “la nueva campaña de Netanyahu es hacer creer que los ciudadanos palestinos de Israel están robando las elecciones por fraude”. Además, cargó contra la propuesta exprés de aprobar la colocación de las cámaras, ya que “contradice la opinión del asesor letrado del gobierno y supone un uso impropio de los poderes de un gobierno de transición”.

La gran incógnita es ver cómo responderá el público árabe en esta nueva ronda electoral. Si bien en 2015 cuatro formaciones árabes con enormes divergencias ideológicas –desde nacionalistas, a comunistas o islamistas- lograron converger en la “Lista Árabe Unida” para superar la barrera del voto mínimo y se consolidaron como tercera fuerza del país con un 10,54% del sufragio, en abril volvieron a aflorar las diferencias y se separaron en dos listas, que conjuntamente sumaron 10 escaños, en un parlamento de 120. La división desmovilizó al electorado árabe, y tan solo un 49,2% acudió a las urnas.

No obstante, ahora han vuelto a reeditar la “Lista Árabe Unida” bajo liderazgo de Ayman Odeh, que semanas atrás abrió las puertas a unirse a una coalición de “bloqueo” de centroizquierda para derrotar a Netanyahu, una propuesta que fue rechazada desde el centrista Azul y Blanco de Benny Gantz, el más firme candidato a batir al actual premier, ya que no quieren ser asociados con facciones consideradas por muchos como “quintacolumnistas”.

Por primera vez, la coalición árabe lanzó su campaña en hebreo para intentar captar voto judío de izquierdas, ya que el ideal pacifista y anti-ocupación del pacifista Meretz quedó diluido al formar la coalición “Frente Democrático” junto al ex primer ministro Ehud Barak. “Netanyahu es un psicópata sin límites que quiere ver sangre. Pedimos de inmediato terminar con la incitación racista y peligrosa contra la población árabe”, escribió Odeh tras el incendiario mensaje del líder del Likud.

El reto de Odeh será movilizar un sector de población que, en parte, se siente discriminado y no representado, y cuyas principales preocupaciones son el fin a la violencia descontrolada en sus aldeas, una mayor integración en la sociedad, y el acceso a la vivienda, ya que el estado apenas otorga licencias de construcción en zonas árabes. Además, deberá lograr activar el voto joven -60% se abstuvo en abril-, que en parte pidió el boicot en la pasada ronda de abril. Según una encuesta de la televisión pública Kan, un 53% de población árabe de Israel afirmó que votaría, mientras que un 9% ya tenía claro que no acudiría a los colegios electorales.

En una conversación captada en un reportaje televisivo en el poblado costero de Jizr a-Zarqa, el activista político Afif Abu Much destacó que “hay entre 250.000 y 300.000 votantes árabes que jamás votarán a la Lista Árabe Unida. Y el hecho de que los partidos judíos no lo aprovechen, enciende el racismo y la ignorancia”. Junto a él, el asesor estratégico Sami Ali apuntó que la gran abstención se debió a que “muchos sienten que no influyen”. Junto a ellos, en un debate encendido, un lugareño se quejó de que “la Lista Árabe Unida no vale nada, solo quieren asientos”.

El ex político israelí y negociador con los palestinos Yossi Beilin escribió en una columna en Al-Monitor que “la negativa de Azul y Blanco de querer dialogar con los partidos árabes para frenar la formación de un gobierno derechista podría contribuir a la desmovilización. La comunidad, que sufre discriminación en los presupuestos públicos, siente que no hay diferencia real entre la derecha e izquierda israelí, y que sus propios representantes les han fallado constantemente”.

En su tienda en Yaffo, un distrito mixto árabe-judío al sur de Tel Aviv, el pescador Raed Mansour quiso remarcar su postura a La Razón: “no me interesan las elecciones, ni me importan las etiquetas. Vivo por el trabajo, la familia y el respeto. No diferencio si mis clientes son judíos o árabes, veo a todos igual. Sin racismo ni discriminación, así me enseñó mi padre”. Y avanzó su decisión para el próximo martes: “vendré a la pescadería y no pienso ir a votar”.

Netanyahu promete anexionar el Valle de Jordán si gana las elecciones

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El primer ministro israelí en funciones acaba de hacer esta promesa de campaña

Ofer Laszewicki Rubin. Tel Aviv.

 

Del mismo modo que logró en las dos anteriores campañas electorales, Biniamin Netanyahu está marcando los tempos en la recta final de la repetición de las elecciones, convocadas para el próximo 17 de setiembre. Tras mantener en vilo a la prensa y adversarios políticos con el “anuncio dramático” que publicaría a las cinco de la tarde de ayer, el primer ministro más longevo de la historia de Israel prometió la anexión del Valle del Jordán y “aplicar la soberanía israelí en todos los asentamientos judíos en Cisjordania” si gana las elecciones.

A pesar de que una fuente de la Casa Blanca confirmó que la administración Trump sabía de antemano los planes de Netanyahu, el premier destacó que esperaría a llevar a cabo el movimiento “después de las elecciones”, por respeto a la intención de Trump de anunciar su propuesta de paz para el conflicto palestinoisraelí tras la celebración de los comicios.

En un discurso evidentemente electoralista, con intención arrastrar votos hacia el Likud de votantes de formaciones menores y más extremistas del sionismo religioso favorables a la anexión de Cisjordania, Netanyahu pidió “un mandato claro para aplicar la soberanía israelí en todos los asentamientos”.

Con ello, reafirmaba que era parte del “consenso” israelí, y que de este modo “se fijarían definitivamente las fronteras de Israel permanente, y evitaremos que Judea y Samaria se tornen en una Gaza”, dijo refiriéndose al territorio que pretende anexionar por su denominación bíblica judía.

El Valle del Jordán fue capturado por Israel a Jordania tras la conquista de Cisjordania en la Guerra de los Seis Días en 1967. Desde entonces, Israel instaló bases militares y decenas de asentamientos civiles, mayoritariamente agrícolas, en una zona considerada clave para la seguridad nacional y que comparte frontera con Jordania. Tras el inicio de la aplicación de los Acuerdos de Paz de Oslo entre Israel y la recién fundada Autoridad Nacional Palestina(1993), esta área quedó bajo la denominada zona C (60% del territorio), bajo control civil y militar israelí, y donde su ubican la mayoría de colonias, consideradas ilegales por la comunidad internacional por estar levantadas en “territorio palestino ocupado”. En el Valle del Jordán luchan por subsistir decenas de aldeas palestinas, muchas de beduinos, que constantemente afrontan derribos de casas y limitaciones para acceder a sus tierras de cultivo y pastoreo impuestas por el ejército israelí.

La veterana diplomática palestina Hanan Ashrawi comentó a la agencia AFP que el anuncio de Netanyahu dinamita todas las opciones para un acuerdo de paz. “No solo destruye la solución de los dos estados, sino cualquier opción de paz”. Y fue más allá: “las declaraciones baratas para su base racista extremista expone su agenda de querer imponer el Gran Israel en toda la Palestina histórica”. De hacerse efectiva la intención anexionista del líder del Likud, la continuidad territorial de un estado palestino sería inviable.

El único candidato con reales opciones de reemplazar a Netanyahu, el ex jefe del ejército Benny Gantz del centrista “Azul y Blanco” -escorado a la derecha en materia de seguridad-, enfatizó que su coalición ya remarcó en el pasado que “el Valle del Jordán será parte de Israel para siempre”, pero consideró que “se tratará de otra promesa vacía”. Según el Instituto Israelí para la Democracia, el 48% de israelíes estaría a favor de aplicar la soberanía israelí en la área C de Cisjordania.

 

Benjamin Netanyahu

@netanyahu

בשבוע הבא אני מבקש שתתנו לי הכוח – ותצביעו מחל – כדי שאחיל את הריבונות הישראלית על בקעת הירדן מייד לאחר הבחירות. זה יהיה הצעד הראשון להחלת הריבונות הישראלית על יהודה ושומרון ואזורים נוספים. למען הדורות הבאים – תנו לי את הכוח לפעול למען בטחון ישראל 🇮🇱

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La tajaná merkazit: una “bestia” de hormigón que alteró para siempre el sur de Tel Aviv

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Es conocida como “La Bestia”. La estación central de autobuses del sur de Tel Aviv es, probablemente, uno de las construcciones arquitectónicas más controvertidas, costosas, cargadas de prejuicios y, sobretodo, con los secretos desconocidos y más bizarros que existen en Israel. En el imaginario colectivo israelí, la tajaná merkazit –por su nombre en hebreo-, es un lugar degradado y marginal, que es preferible evitar, y que en caso de que sea necesario acceder, lo mejor es encontrar una salida lo más rápido posible.

Ubicada en el corazón del barrio de Neve Shanán en el sur de la ciudad, cuando uno se acerca a la gigantesca construcción se palpa al instante la peculiaridad y las problemáticas del lugar: el olor a orín colapsa el ambiente; el tráfico de buses y taxis compartidos acarrea polución, gritos y bocinazos; borrachos, drogadictos y narcos pululan impunes y mercadean a plena luz del día ante la dejadez policial; y viajeros y turistas huyen despavoridos de un escenario a priori poco agradable. Pero lo mejor –o peor- de la caja de sorpresas se esconde en “la barriga de la Bestia”, como la describen quienes mejor la conocen.

En una soleada, húmeda y pegajosa tarde de julio, una veintena de jóvenes esperan frente a la entrada “41” la llegada de Heela Harel, guía turística de la agrupación CTLV tours, que ofrece paseos alternativos por los barrios bajos de Tel Aviv, los que quedan fuera de los focos. Sobre nuestras cabezas se alza una imperial rampa de hormigón: por aquí suben los autobuses que entran a la ciudad y alcanzan la sexta planta de la edificación. Desde fuera, la tajaná luce como una enorme estructura de cemento, con laberínticas rampas que se extienden por el barrio, y que alteraron para siempre el urbanismo y la vida social del lugar.

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Israel, ¿hacia un nuevo bloqueo político?

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El electorado israelí se ha posicionado a la derecha del espectro político, pero la división de los partidos que lo conforman puede provocar otro colapso tras las elecciones del 17 de septiembre que impida gobernar a Netanyahu

Ofer Laszewicki . Tel Aviv. – 26 de agosto de 2019

Más allá del resultado final tras la repetición de las elecciones en Israel previstas para el próximo 17 de setiembre, nadie pone en duda que el electorado israelí está claramente escorado a la derecha del espectro político. No es un fenómeno reciente basado en la longevidad del actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, que superó recientemente al fundador del Estado,David Ben Gurión, como el líder con más tiempo en el cargo.

Desde el ascenso al poder del Likud en 1977 de la mano de Menajem Beguin –que puso fin a casi tres décadas de hegemonía laborista desde la fundación del país en 1948–, tan solo los breves mandatos de Shimon Peres (1984-1986 y 1995), el asesinado Isaac Rabin (1992-95) y Ehud Barak (1999-2001), han interrumpido la hegemonía de la derecha.

Ante una diluida oposición a Netanyahu, encabezada por la formación Azul y Blanco del ex comandante en jefe del Ejército Benny Gantz, al Likud –junto al resto de partidos satélite de derecha, extrema derecha y religiosos– le volvían a cuadrar los números para seguir gobernando: entre 61 y 65 escaños de 120. No obstante, en un sistema tan fragmentado como el israelí, con múltiples facciones que representan los intereses de sectores muy distantes, a Netanyahu se le atragantó de nuevo el hueso que le precipitó al adelanto electoral en abril: Avigdor Lieberman.

Tras el lanzamiento de más de 400 proyectiles por parte de facciones armadas en la Franja de Gaza en noviembre de 2018, Lieberman, líder del partido Israel Beitenu, renunció al cargo de ministro de Defensa por la «rendición ante el terror» de Netanyahu, que nuevamente acordó un frágil alto el fuego con Hamás, además de permitir el ingreso de millones de dólares cataríes en la franja palestina.

A pesar de los continuos ataques directos entre ambos, tras las elecciones de abril volvieron a negociar y se especuló con que Lieberman retomaría el mismo cargo, pero una nueva discrepancia dinamitó el acuerdo: no aceptó las condiciones impuestas para formar coalición por las formaciones ultraortodoxas, fundamentalmente sobre la ley que exime a los jóvenes jaredíes, que estudian religión a tiempo completo, de enrolarse en el Ejército.

Por ello, los análisis en la prensa israelí coinciden en que las elecciones pueden producir un nuevo callejón sin salida. Los principales contendientes en los sectores de derecha y religiosos serán el Likud del actual primer ministro, partido hegemónico y heredero del revisionismo sionista de Zeev Jabotinsky.

También están la coalición Yemina, liderada por la ex ministra de justicia Ayelet Shaked, que agrupa al secular-religioso Nueva Derecha, el referente histórico del sionismo religioso Casa Judía y la Unión Nacional; los partidos ultraortodoxos Shas (sefardíes) y Unión del Judaísmo por la Torah(ashkenazies), que a pesar de solo centrarse en los intereses de sus comunidades ya han manifestado su lealtad a Netanyahu; Israel Beitenu, del actor clave Avigdor Lieberman, una derecha laica que representa esencialmente a inmigrantes judíos de las ex repúblicas soviéticas; y dos formaciones minoriarias con escasas opciones de lograr representación: la extrema derecha de Otzmá Yehudit y el mesiánico Zehut.

Para comprender las diferencias ideológicas que enfrentan a las distintas corrientes derechistas, LA RAZÓN conversó con activistas judíos de origen latinoamericano. Tony Raichler, del Likud, defiende su pertenencia a esta formación porque es «la única manera de influir en la derecha. Es el partido más grande, donde cada voto tiene 60 veces más influencia que optando por otros.

Sus integrantes serán probablemente la mayoría de los próximos ministros, así que cualquier otra opción es tirar el voto». El joven carga contra los principales competidores: «Liberman parece que no tiene ideología, se define de derecha pero se va con la izquierda y no ayuda a formar gobierno. Y Yemina es prácticamente un partido sectorial, una imitación falsa del Likud que reivindica que son liberales y religiosos al mismo tiempo».

Gaston Saidman, que fue activista en el Israel Beitenu de Lieberman, reivindica a su líder porque «se basa en su palabra y lo que promete. Una de las batallas de Lieberman fue enfrentarse a la disciplina ortodoxa, que condiciona mucho al gobierno». Remarcando su carácter secular, recuerda que Lieberman presionó en el pasado para lograr transporte público en ciudades durante el shabbat, día de descanso judío, medida que enfurece a sectores religiosos.

Sobre su salida del Ejecutivo, Saidman valora que «vivimos en una democracia, y en el gabinete de seguridad todas sus propuestas fueron rechazadas, incluso la idea de destruir Hamás en 48 horas». En su pulso con los religiosos, reivindica que Israel Beitenu defiende un país basado en símbolos judíos, «pero no regido por la halajá (ley judía)».

Federico Pimpan, que votará a la extrema derecha de Otzmá Yehudit, considera que «Netanyahu no tiene una política clara, no es la derecha verdadera». Cree que a nivel de atentados «todo sigue igual, que no entra definitivamente a Gaza o Ramala, y el sistema social y laboral de Israel es un desastre».

La congresista Tlaib rehúsa el permiso de Israel para viajar al país

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La demócrata de origen palestino no acepta las «opresivas condiciones» impuestas por Netanyahu para visitar a su abuela

Ofer Laszewicki. Tel Aviv – 17 de agosto de 2019

En un doble inesperado giro de guión, finalmente la congresista norteamericana musulmana Rashida Tlaib no aterrizará en el aeropuerto de Ben Gurión a las afueras de Tel Aviv. Tras leer ayer el comunicado del Ministerio del Interior israelí en que Arieh Dery prohibía la entrada al país de las integrantes del Partido Demócrata Ilhana Omar y Rashida Tlaib, esta última escribió a última hora una respuesta a Dery: «Quiero pedir mi admisión a Israel para visitar a mis familiares, en especial a mi abuela, que tiene 90 años. Puede ser mi última oportunidad de verla. Aceptaré cualquier restricción y no promoveré el boicot a Israel durante mi estancia», suplicó.

Ambas congresistas tenían previsto aterrizar este fin de semana para visitar Jerusalén y Cisjordania. De entrada, las autoridades israelíes tenían previsto aceptar su acceso al país, pero tras las presiones recibidas desde Washington –Trump tuiteó que Israel mostraría una gran debilidad, y que ambas «odian a Israel y a todo el pueblo judío»– el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu formalizó el veto.

Inesperadamente, el ministro Dery dio macha atrás y aceptó que la norteamericana de raíces palestinos visitara a sus familiares. «Aprobé su petición como un acto de buena fe basado en motivos humanitarios, pero se trata de un requerimiento provocativo, con la intención de dañar a Israel», aseguró. Según medios israelíes, Tlaib mandó su petición tras enterarse de que su abuela se derrumbó al escuchar que no vendría a visitarla.

La trama se complicó aún más cuando se conoció que Tlaib aceptó las condiciones de visita impuestas por Israel, factor que levantó duras críticas de grupos palestinos por su «rendición». «Lo más indignante es que Rashida Tlaib cayó en la trampa y aceptó arrastrase», protestó Nour Odeu de la ONG Miftah, que tenía previsto organizar la visita de las congresistas demócratas. Y añadió: «Israel es el opresor y su actitud racista hacia los palestinos es una política establecida. Rashida debería saberlo de antemano».

Tras la tormenta desatada, la congresista emitió su decisión final. «Silenciarme y tratarme como una criminal no es lo que mi abuela espera de mí. Decidí que visitarla bajo estas condiciones opresivas va en contra de los valores que defiendo», declaró la congresita demócrata.

Desde Biet ur al-Fouqa, su tío Bassam Tlaib declaró en una entrevista al canal i24news que «nuestro pueblo está muy orgulloso de que se convirtiera en la primera parlamentaria palestina en el Congreso de EE UU y de sus esfuerzos por querer visitarnos». Pero finalmente Rashida Tlaib no se reencontrara con los suyos.

Pero no se tiene noticia de que un presidente de los EE UU haya instado a otro Estado a que sancione a dos estadounidenses, informa Julio Valdeón. No digamos ya a dos congresistas. «Israel mostraría una gran debilidad si permiten la visita de los representantes y Taib», escribió en Twitter. «Odian a Israel y a todo el pueblo judío, y no hay nada que pueda decirse o hacerse para que cambien de opinión. Minesota y Michigan tendrán dificultades para volver a ponerlos en el cargo. ¡Son una desgracia!».

Para Trump, las dos congresistas son el «rostro del Partido Demócrata». Y ésa, seguramente, es la clave. Convertir a Omar y Tlaib, mucho más extremistas y bisoñas que un rival como Joe Biden, en la diana electoral.

 

Artículo publicado en “La Razón”:
https://www.larazon.es/internacional/la-congresista-tlaib-rehusa-el-permiso-de-israel-para-viajar-al-pais-HA24601701?fbclid=IwAR2aORLzFyr3w6g-tE3aCmG4hqPuhnZ9F2AvD8Z5SqaIDOHQ9nJP8faegR4

Israel vetará la entrada al país de dos congresistas norteamericanas musulmanas

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Trump alertó de que las demócratas “odian a Israel y a todo el pueblo judío”

Ofer Laszewicki Rubin. Tel Aviv. – 15 de agosto de 2019

El Ministerio de Interior de Israel ha confirmado que vetará la entrada al país de Rashida Tlaib y Ilhana Omar, dos congresistas norteamericanas de origen musulmán del Partido Demócrata, que apoyaron en el pasado el boicot al estado judío.

Tras días de intensos rumores, el ministro de interior israelí Arieh Dery confirmó la prohibición en una carta enviada a los medios: “la decisión fue tomada tras comprobarse que la visita preveía activismo en favor del boicot a Israel”. Dery, que aseguró haber recibido pleno apoyo del primer ministro Benjamín Netanyahu, consideró que las parlamentarias pretendían aprovecharse de su estatus político para dar apoyo a organizaciones pro-boicot.

La prensa israelí avanzó las presiones que llegaron desde la Administración Trump, que finalmente surgieron efecto: “el estado de Israel respeta al Congreso de EE.UU. como parte de nuestra sólida alianza. Pero es inconcebible que acepte la entrada al país de personas que intentan dañar al país”, continuó el comunicado.

Tlaib, que es de origen palestino y tiene familia residiendo en un poblado de Cisjordania, tenía previsto aterrizar junto a Omar este fin de semana para recorrer Israel y los territorios palestinos. Ron Dermer, embajador israelí en Washington, aseguró a principios de semana que no se les denegaría la entrada al país, pero surgieron informaciones de que en el ejecutivo de Trump no estaban satisfechos con la medida.

Horas antes del comunicado emitido por el ministro de interior, el propioTrump alertó en un mensaje de Twitter: “Israel mostraría una gran debilidad en caso de permitir el acceso a Rashida Tlaib y Ilhana Omar”. Y agregó: “odian a Israel y a todo el pueblo judío, y no hay nada que hacer para que cambien de opinión. ¡Son una desgracia”.

El presidente norteamericano llevaba semanas cargando con dureza contra las parlamentarias, incluso usando insultos racistas contra ellas y otras dos representantes, sugiriendo que regresen a sus países de origen, pese a que 3 de las 4 son nacidas en EE.UU.

La viceministra de Exteriores de Israel Tzipi Hotolevy, del partido gubernamental Likud, expresó en la televisión pública la razón de la decisión: “no permitiremos la entrada a quienes deniegan nuestro derecho a existir en este mundo. Se trata de una decisión plenamente justificada”.

La medida fue duramente criticada por parlamentarios de izquierda y representantes árabes de la Knesset israelí, así como por algunos sectores del Partido Demócrata en EE.UU. “Un país democrático no puede denegar la entrada de dos representantes públicas de una democracia aliada, además del daño que supone a las ya de por sí delicadas relaciones con el Partido Demócrata”, protestó Tamar Zandberg de la formación izquierdista Meretz.

La influyente organización judía norteamericana American Jewish Comitee (AJC), remarcó que si bien “no es una decisión inteligente” vetar la entrada a Israel de Tlaib y Omar, tenían constancia de que ambas tenían prevista una agenda de visitas con una remarcada agenda antiisraelí.

“Cuando anunciaron sus planes, el gobierno de Israel afirmó que permitiría su entrada, a pesar de su evidente hostilidad hacia el estado judío y su apoyo indiscutible al movimiento pro-boicot BDS”, indicó el AJC en una nota de prensa. Y prosiguió: “esta decisión, que el AJC apoyó plenamente, fue tomada por el respeto a dos integrantes del Congreso de EE.UU., y por el hecho de que Israel se enorgullece de ser una democracia abierta y plural”.

Según hizo constar el organismo judío, Tlaib y Omar no tenían prevista en su visita ninguna reunión con políticos israelíes, oficiales o charlas con expertos. “La negativa de las parlamentarias de incluir a voces israelíes demuestra que no se trataba de un ejercicio de buscar balances, sino de una misión de propaganda”, continuó el comunicado.

Desde las filas demócratas, el veterano Bernie Sanders declaró que “la decisión de denegar la entrada a Tlaib y Omar supone una enorme falta de respeto hacia dos representantes electas, y hacia los propios principios democráticos. Israel debería retirar de inmediato la prohibición”. En redes sociales, activistas israelíes destacan que “mientras se permite la entrada de Trump, Bolsonaro, Orbán, Duterte o Putin, se les prohíbe a Tlaib y Omar”.

 

Artículo publicado en “La Razón”:
https://www.larazon.es/internacional/israel-vetara-la-entrada-al-pais-de-dos-congresistas-norteamericanas-musulmanas-PK24591493?fbclid=IwAR3DuI0XsBMGHAHnwe8uRnyYjBZ_a6OzGqpBcOe6LbItjkq_Zam3HkngDe0