Israel a un día del…vuelco?

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En unas horas Israel se paralizará. Antes de lo esperado. Sin apenas haber cumplido dos años de mandato, el actual premier Benjamin Netanyahu se precipitó el pasado Diciembre a romper la coalición de gobierno por divergencias con sus socios centristas. Confiado por su alto índice de popularidad del que gozó durante la primera fase de la guerra contra Hamás en Gaza el pasado verano, Bibi se apresuró nuevamente a subir al ring electoral. No obstante, la sensación de estancamiento que vive el país en varios frentes pueden acabar jugándole una mala pasada.

En efecto, la campaña electoral no ha beneficiado al actual mandatario hebreo. Las últimas encuestas publicadas dan una ligera superioridad a su máximo rival, Isaac Herzog, cabeza de lista de la “Unión Sionista”, una lista conjunta del Partido Laborista que él mismo lidera junto a la polivalente Tzipi Livni, máxima representante de los restos de la formación “Hatnuáh” que ella mismo formó. Livni es el ejemplo vivo de la volatilidad de la política en Israel: antigua dirigente del Likud (derecha tradicional), fundadora de un partido de centro y actual socia de la lista de centroizquierda que pretende dar un vuelco electoral.

Pase lo que pase con el resultado final que reflejen las urnas, los principales contendientes en la carrera deberán aunar fuerzas con partidos de diferentes espectros que representan a sectores sociales, ideológicos y étnicos muy dispares. Si Bibi es nuevamente el elegido para formar gobierno, buscará de nuevo el respaldo de los que están más a su derecha. Naftali Bennet, lider de “Habait Ayehudí” (Hogar Judío), ya le ha asegurado su apoyo de antemano. Representante de los intereses de los colonos y opositor radical a hacer concesión alguna a los palestinos, Bennet se erige como el más intransigente en su target electoral.

También es previsible que cuente de nuevo con el polémico y antiguo socio de coalición Avigdor Liberman de “Israel Beitenu” que, ante una previsible debacle electoral, optó por ser el más radical y colmó los titulares con unas declaraciones en las que abogaba por decapitar a los árabes desleales al Estado. Como de costumbre, los partidos religiosos y ultraortodoxos, como “Shas” o “Yahadut a Torah”, pueden acabar de apuntalar una nueva legislatura derechista, aunque sus agendas siempre se ciñen en velar por los intereses socioeconómicos de los que dedican su vida al estudio de los libros sagrados.

En el campo opuesto, el líder de la lista de centroizquierda no estará exento del juego de equilibrios si quiere asentarse en el poder. Buji Herzog, al que los sondeos de última hora le auguran de 24 a 26 de los 120 escaños del Knesset (Parlamento), deberá tantear a “Meretz” -más a la izquierda que el laborismo, pacifista y defensor sine quanon de la creación de un Estado Palestino-, o incluso de la “Lista Conjunta”, un nuevo experimento político que, si se cumplen los pronósticos, puede suponer un auténtico terremoto. La formación, que por primera vez en la historia de Israel agrupa a todas las formaciones árabes minoritarias -nacionalistas antisionistas, comunistas e islamistas-, apunta al tercer lugar y puede ser la llave del cambio. Pese a las divergencias originales de los partidos, les unes la aspiración por la mejora de las condiciones de vida del 20% de población árabe en Israel o la lucha por el fin de la ocupación y la proclamación del Estado palestino.

El centro del espectro político será el que finalmente decante la balanza. Por un lado está el mediático presentador televisivo Yair Lapid de “Yesh Atid” (Hay Futuro), que sorprendió en los anteriores comicios logrando 19 escaños. Terminó a malas su alianza con Bibi, que le destituyó de la cartera de Finanzas y provocó el actual anticipo. Sus ambiguas declaraciones de intenciones hacen prever que no apoyará a Netanyahu, optando así por buscar cobijo en la alternativa liderada por el laborismo. En otro flanco aparece otro escindido del  Likud, Moshe Khalon, que apunta a revelación de última hora con su nueva formación “Kulanu”. Tiene buena fama y se mueve por las amplias aguas del centro, dónde actualmente se mueve gran parte del electorado israelí. Puede ser otro as bajo la manga del próximo gobernante.

Los sondeos denotan que, en esta ocasión, los aspectos sociales y económicos si van a jugar un papel principal en la elección de la papeleta. En un país dónde los posicionamientos políticos -izquierda o derecha- ha estado tradicionalmente vinculado a una visión de estado respecto a la cuestión palestina y la relación con los países árabes que lo rodean. Pese a que Israel es una economía sólida en términos macroeconómicos, las diferencias sociales se han ido haciendo cada vez mayores. Sobre todo en la cuestión de la vivienda, que en los últimos años se ha encarecido en más de un 50 %. Ya dieron la vuelta al mundo las imágenes de medio millón de israelíes reclamando en 2011 mayor justicia social y más facilidades en el acceso a la vivienda en las calles de Tel Aviv. Bibi no le prestó la atención requerida y el descuido puede tener un elevado coste.

Está por ver si un cambio de liderazgo reanuda las negociaciones con los palestinos, que a día de hoy están en punto muerto. Incluso las relaciones de mínimos que mantenía Israel con la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en cuestiones de seguridad y recaudación de impuestos han quedado enterradas. Los movimientos palestinos en busca de reconocimiento en la ONU y el Tribunal Penal Internacional (TPI) fueron contestados con mayor presión por parte israelí: más construcción en las colonias, congelación en el transfer de los impuestos y ruptura definitiva del diálogo.

La insistencia de Bibi ha sido colocar la cuestión nuclear iraní en el primer plano de estas elecciones y mostrarse ante el público como el verdadero garante de la seguridad del país. Incluso aventurándose a lanzar spots electorales vaticinando que sin él el Estado Islámico (EI) llegaría a las puertas de Jerusalén. Precisamente, usó este argumento para oponerse a cualquier atisbo de retirada en Cisjordania: “en las circunstancias actuales en Oriente Próximo, cualquier territorio que uno desaloja, será utilizado por el Estado Islámico en contra de nosotros. Su rival, Herzog, no apuesta por una retirada total de los territorios que los palestinos reclaman para su futuro estado -defiende la anexión de los grandes bloques de asentamientos-, pero si aboga por la separación para garantizar la viabilidad y la coexistencia de ambos pueblos. Del lado palestino hay poca confianza que un cambio de liderazgo suponga algún resultado efectivo sobre el terreno.

Si nos atenemos a la capacidad de movilización que han tenido las marchas convocadas en Tel Aviv por los dos grandes aspirantes en los últimos días, la superioridad numérica lograda por la “Unión Sionista”, que agrupó prácticamente al doble de asistentes, hace presagiar que el “mahapáj” (vuelco) del que se habla en las calles de Israel va a producirse en pocas horas. Las urnas tienen ahora la última palabra.

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