“El antisemitismo jamás desapareció tras el Holocausto”

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Xavier Torrens (Essen, Alemania, 1966) es sociólogo y profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona (UB). Especializado en la gestión de la multiculturalidad, la diversidad y las tres comunidades con más rechazo social en España: la gitana, la árabe-musulmana y la judía. Además, es director científico del seminario sobre antisemitismo celebrado anualmente en la capital catalana.

Europa ha experimentado en los últimos tiempos un aumento extraordinario de la violencia antisemita, escenificada en el atentado contra el hipermercado kosher de París y la sinagoga de Copenhague. ¿Está la comunidad judía europea ante la situación más crítica desde la barbarie de la Shoah?

Después del Holocausto, ha habido dos grandes momentos de gran rechazo social contra los judíos: a principios de la década del 2000 y en los últimos meses. Se ha hecho visible por dos vertientes: a través del prejuicio cotidiano que siempre ha existido y, por otro lado, mediante un antisemitismo violento que incluso asesina judíos tras el genocidio nazi. Los hechos de París o Copenhague, sumados a los ataques de Toulouse en 2012 o el atentado contra el museo judío en Bélgica, prueban que no se trata solo de rechazo social, sino que el prejuicio además va acompañado de una violencia que llega hasta las últimas consecuencias.

Previamente a los hechos de París, ya existían estudios que reflejaban la inquietud de la comunidad judía francesa: tres de cada cuatro valoraban la posibilidad de hacer aliyah(emigrar) a Israel. ¿Considera usted que esta es la mejor opción que tienen para afrontar la discriminación en su país de origen?

Hacer aliyah es una opción personal y familiar. A nivel comunitario, lo necesario es respetar la decisión tanto de los que pretendan continuar en Europa como de aquellos que opten por instalarse en Israel. Centrándonos en Europa, creo que las comunidades judías deberían hacer más visible el problema. Dada la falta de implicación de determinadas instituciones públicas, entonces son ellos quien debieran tomar la iniciativa.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, avivó la polémica afirmando tras los atentados de París: “El Estado de Israel no es sólo el lugar hacia el que dirigís vuestros rezos, es también vuestra casa. Nosotros os ayudaremos a adaptaros a Israel que es también vuestro país”. ¿Supone dicha afirmación una injerencia en los asuntos internos de Francia?

Es preciso alejarse de las dicotomías. Insisto en la legitimidad de que una persona o familia decida hacer aliyah, al igual que es legítimo vivir en Europa y trabajar para reducir el prejuicio antijudío. Las dos opciones son igual de válidas. Cualquier persona judía tiene derecho a vivir tranquilamente, sea cual sea su lugar de residencia.

¿Cuáles son los elementos que explican el repunte antisemita actual?

El antisemitismo como prejuicio con sus clichés es un problema social originado por tres grandes factores. El más perjudicial en estos momentos es el islamismo yihadista pero, aunque no se muestren con tanta virulencia, también son causantes de este fenómeno la extrema derecha y la izquierda radical. Fomentan los mismos estereotipos de siempre; simplemente, los actualizan en el siglo XXI. Es alarmante que esté pasando esto tras los antecedentes de la Shoah.

Los fundamentalistas musulmanes que atentaron en París actuaron en venganza por la publicación de imágenes satíricas del profeta Mahoma. En el mismo país, el humorista Dieudonné M’Bala ha sido detenido y acusado en reiteradas ocasiones por sus declaraciones y gestos antisemitas y negacionistas. ¿Cree conveniente imponer límites a las expresiones humorísticas referidas a cuestiones de religiosas?

En la cuestión del humor, se ralla el antisemitismo constantemente y jamás pasa nada. De hecho, en el Estado español se genera negacionismo del Holocausto sin consecuencia penal alguna. No se trata de un humor de carácter religioso, ya que en el caso de los judíos se habla de todo un pueblo.

Existen dos grandes modelos al respecto. Uno es el norteamericano, el de libertad de expresión plena, en que cada individuo puede decir lo que quiera. No se persigue penalmente, aunque sí pueda ser denunciado socialmente. El otro ejemplo es el alemán, donde determinadas expresiones sí son prohibidas y perseguidas por la justicia.

Me siento incómodo con la posición española, que no adopta ninguno de los dos modelos. Aquí no les pasa nada a los que niegan el Holocausto, pero sí existen otras expresiones que se llevan a los juzgados. En contraste, la libertad de expresión es plena cuando se profieren manifestaciones antisemitas.

El límite entre el antisionismo -negación del derecho a existir del Estado de Israel- y el antisemitismo es, en ocasiones, confuso.¿ Esconde la crítica a la política de Estado israelí un sentimiento contra los judíos?

Son ciertas dos afirmaciones: no todas las críticas a Israel son antisemitas, pero es cierto que el antisemitismo contemporáneo se vehicula principalmente bajo las críticas al Estado de Israel. Si tenemos en cuenta que en el Estado español el antisemitismo es el tercer prejuicio más fuerte, lo que estamos viendo es que se reproducen con un discurso actualizado los viejos prejuicios de la era medieval. Pongo un ejemplo. Cuando en la Edad Media se defendía en la península Ibérica que lo peor del mundo eran Satán y los judíos, ahora se sustituye nominalmente al diablo por Estados Unidos y a los judíos por Israel. Cuando esto sucede, no se trata de una simple crítica legítima contra determinadas políticas públicas del Gobierno israelí, sino que supone una actualización de los viejos prejuicios con estereotipos nuevos. La judeofobia del siglo XXI se expresa a través del antiisraelismo y el antisionismo.

El escritor mexicano Enrique Krauze defiende que el viejo antisemitismo arraigado en el discurso de la extrema derecha se ha visto sobrepasado por una corriente antisemita izquierdista, con fuerte presencia en los círculos académicos. ¿Es compatible considerarse de izquierdas con el rechazo a una comunidad étnica o religiosa?

Lo que muchos no saben es que el prejuicio desde la izquierda no es un hecho exclusivo de nuestros tiempos. El gran precursor del antisemitismo vehiculado por el antisionismo en la extrema derecha fue Hitler. En la izquierda, el impulsor del odio contra los judíos fue Stalin. Pero mucho antes ya existían precedentes. El francés Pierre-Joseph Proudhon -uno de los primeros grandes pensadores de izquierdas del siglo XIX- ya abogaba por el exterminio del pueblo judío. Inevitablemente, el odio antijudío se asocia a los nazis y el Holocausto, pero es un fuerte prejuicio que, como comprobamos, ha sido promovido también desde la izquierda alternativa.

Por tanto, hablamos de un prejuicio que jamás ha desaparecido.

Lo que ha cambiado es que el antisemitismo latente ha pasado a ser manifiesto. Pero no nos confundamos: jamás desapareció tras el Holocausto. En algunos países, como EE.UU., Canadá o la antigua Alemania Occidental, se redujo gracias a la implementación de las políticas públicas a nivel cultural y educativo. En el resto de países el prejuicio ha quedado latente y, cuando aparecen elementos facilitadores -el resurgimiento del conflicto palestinoisraelí o la crisis económica- se reproduce con tópicos nuevos.

El presidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Josef Schuster, afirmó recientemente que en Berlín ya existen no-go-areaspara judíos, sobre todo en barrios de mayor presencia musulmana. Schuster se preguntaba “si era preciso hacerse identificable”. ¿Es oportuno que los judíos europeos se oculten?

Creo que se han de tomar dos caminos complementarios. Por un lado, hacer más visible la cultura judía en positivo: divulgar las grandes contribuciones del pueblo judío a la humanidad, o el hecho de que es imposible entender Europa sin la presencia judía. Por otra parte, es necesario adoptar medidas de seguridad más eficaces. Por tanto, la solución no pasa por ser invisibles.

¿Existe riesgo de ataque sobre la minoritaria comunidad judía de España?

El riesgo es el mismo que en el resto de Europa, ni más ni menos. Como demuestran los múltiples atentados sufridos en territorio europeo, el grado de inseguridad es muy alto para la población judía. En principio, el terrorismo yihadista puede afectar a cualquier ciudadano occidental, pero siempre tiene como principal target a los judíos. El riesgo en Barcelona o Madrid es el mismo que en París o Bruselas.

¿Considera necesaria una mayor contundencia en el discurso de los líderes políticos europeos para combatir el prejuicio antisemita?

Las declaraciones públicas como las emitidas recientemente por el primer ministro francés, Manuel Valls, son positivas y necesarias. Debería ser algo más habitual en el Estado español mostrar apoyo público a la comunidad judía, que no tiene por qué ir relacionado con lo que sucede en la arena de la política internacional. Combatir este prejuicio es un tema de política interior. Valls no tuvo ningún tabú al respecto y se debería tomar ejemplo.

En España existe un desconocimiento evidente respecto a la significación de ser judío. En los relatos mediáticos aparecen relacionados frecuentemente con la imagen de un soldado o un religioso ultraortodoxo.

Existen tres herramientas pedagógicas que deberían desarrollarse en el Estado español. En primer lugar, introducir oficialmente la educación en el Holocausto. No solo para explicar los sucesos históricos, sino para contribuir en la erradicación del prejuicio actual. Además, hace falta visibilizar el problema. Por ejemplo, con iniciativas como el Seminario Internacional sobre Antisemitismo que se celebra en Barcelona, o la introducción del artículo 40.8 del Estatut de Catalunya que obliga a los poderes públicos a combatir el antisemitismo. Por último, difundir las contribuciones positivas de los judíos en la historia de la humanidad.

Precisamente, usted fue comisario de la exposición Jews, just like you, que pretendía fomentar las contribuciones positivas de reconocidas personalidades de origen judío a campos como la cultura o la ciencia. Scarlett Johansson o David Guetta, por citar algunos.

He sido comisario de siete exposiciones divulgativas, parte de ellas sobre la Shoah, que sirvieron para hacer mucha pedagogía. Esta última tuvo una mayor acogida porque tiene un impacto cultural directo en personas que la gente ya reconocía por sus aportaciones en distintos ámbitos pero de las que desconocían su origen judío. Sin duda, esto tiene un impacto positivo y sirve para contrarrestar la imagen estereotipada y negativa sobre los judíos.

Publicado originalmente en Ctxt.es

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