Una tercera vía: colonos y palestinos como vecinos

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Aldea de Qusra, Territorios Palestinos Ocupados. La mezquita local fue atacada con cócteles molotov y piedras por un grupo de colonos judíos radicales. En la fachada pintaron con espray: “Mahoma es un cerdo”. Los lugareños, enojados, estaban concentrados ante el carbonizado templo cuando, de repente, recibieron una inesperada visita. Un grupo de colonos del asentamiento de Tekoa, liderados por el rabino de barba blanca Menachem Froman, acudió para presenciar los destrozos. La visita levantó suspicacias entre las masas de árabes encolerizados, y los soldados israelíes se disponían a escoltar a los inesperados visitantes. Finalmente, logran disuadir a los uniformados y entran por su propio pie. El líder espiritual judío, ataviado con las características prendas ortodoxas, sube una escalinata y, ante los vecinos de Qusra, grita enfurecidamente: Alahú Akbar! (Alá es grande). Repite la consigna en bucle. Uno de los jóvenes colonos que le acompaña se explaya ante los palestinos: “Venimos a deciros que somos todos hijos de Abraham. Él llora para que sus hijos, Isaac e Ismael, hagan la paz”.

La impactante escena es la primera toma del documental Una tercera vía: colonos y palestinos como vecinos, dirigida y filmada por el judío de origen norteamericano Harvey Stein. El objetivo del film, financiado mediante campañas de crowdfunding, es explicar el legado del fallecido rabino y sus “protegidos”: palestinos y colonos judíos que, a pesar de la violencia cotidiana que les rodea, trabajan unidos en un microcosmos de paz, reflexión y superación de prejuicios. “Menachem me pareció como un budista, no tenía problemas con las contradicciones”, cuenta el director. Fruto de su controvertida personalidad, el protagonista del film entabló una relación de amistad con el ex rais palestino Yassir Arafat, con el que mantuvo decenas de encuentros privados. En uno de ellos, el rabino propuso a su homólogo: “igual que hay una minoría de árabes dentro de Israel, podría existir una minoría judía en Palestina”. Arafat, convencido, le contestó: “y tú serás el ministro de los ciudadanos judíos de nuestro estado”.

El argumento principal del film queda plasmado en las reflexiones de un joven judío, quien asegura que no importa el nombre que reciba la solución política del conflicto: un estado, dos, tres o siete. Ninguno persistirá si no existen buenas relaciones sobre el terreno, sobre las que debería edificarse la verdadera reconciliación. La labor del reducto de idealistas que protagonizan el documental es complicada, ya que nadan a contracorriente del resentimiento existente entre ambas comunidades. Los encuentros que fomentan solo pueden llevarse a cabo en tierras comprendidas en el área C de Cisjordania, que yace bajo plena soberanía israelí. En las áreas A y B, bajo control palestino, los judíos tienen el acceso prohibido. Un acto celebrado en la zona de Gush Etzion, al sur de Jersualén, fue interrumpido a pedradas por jóvenes palestinos. Minutos después, militares israelíes irrumpieron en la reunión y arrestaron a un árabe. Alí Abu Awad, uno de los impulsores de la iniciativa, protestó ante los soldados: “Nos cuesta un año convencerlos para que vengan a hacer la paz y vosotros os lo cargáis todo en un minuto”.

A Harvey Stein le llovieron críticas desde todos los frentes cuando empezó a filmar. Un colega israelí, de ideología izquierdista, le acusó en un mensaje de Facebook de “querer lavar la cara de la ocupación. No hay tercera vía, la única salida es que los colonos se marchen”, comentó en su muro. Del lado palestino, el movimiento anti-asimilación es muy potente, y son muchos los que señalan e incluso amenazan a los que se animan a darse la mano con los judíos. En muchos casos, este acercamiento se produce por un mero instinto de supervivencia, que obliga a muchos palestinos a adentrarse en el sistema productivo de las colonias para poder alimentar a sus familias.

El director asegura que “los palestinos están más necesitados en cambiar las cosas. A los colonos que grabé ya les está bien compartir humus y abrazos de vez en cuando”. Stein reconoce las enormes diferencias que separa a unos y otros, que gozan de un estatus radicalmente diferenciado que beneficia a los habitantes de los asentamientos. “No pretendo documentar el problema de las colonias. Sólo trato de poner cara a algunos de sus habitantes, para que el mundo vea que también hay colonos humanos”, matiza.

PARADÓJICAMENTE, EL RABINO DEBE SU PROPIA EXISTENCIA AL JEQUE IZZEDIN AL-QASSAM, INSPIRADOR DEL BRAZO ARMADO DE HAMÁS, QUIEN ASESINÓ A TIROS A SU TÍO EN LA ETAPA DEL MANDATO BRITÁNICO EN PALESTINA.

Paradójicamente, el rabino protagonista debe su propia existencia al jeque Izzedin al-Qassam, nombre que inspiró la denominación del brazo armado de Hamás. El jeque asesinó a tiros a su tío en la etapa del mandato británico en Palestina. El incidente supuso que las autoridades británicas aprobaran un certificado para que sus padres, originales de Polonia, emigraran legalmente a Tierra Santa y se hicieran cargo de la granja de su tío en las inmediaciones de Haifa. Sus progenitores fueron los únicos en su familia que se salvaron del exterminio nazi. Sonriente, rememora en una escena la anécdota que propició su nacimiento. Durante mucho tiempo, el rabino fue de los pocos israelíes que mantuvo contacto directo con el liderazgo de Hamás. Incluso llegó a reunirse públicamente en Gaza con su líder fundador, Ahmed Yasín, tras ser liberado de su condena en la cárcel israelí.

La muerte del rabino, que no logró vencer al cáncer, no supuso un freno a su causa, que dejó resumida en una cita: ” Soy ciudadano de la tierra de Dios. Mi presidente es Dios. No importa de quien sea el gobierno”. En el funeral, celebrado en su hogar en Tekoa, su amigo palestino Ziad se presentó con una caja de dátiles, los cuales compartió con los conmocionados vecinos de Froman. El espíritu de su causa propició el nacimiento del movimiento Roots: una granja ecológica puesta en marcha en las tierras familiares de Alí Abu Awad. La parcela, que alberga una modesta chabola de madera y chatarra, sirve de punto de unión para que palestinos y colonos trabajen conjuntamente la tierra. A su vez, organizan improvisados debates que sirven para romper la barrera psicológica que separa a los que deciden formar parte de las charlas. Cuando la cuerda se tensa, como tras el secuestro y asesinato de tres jóvenes colonos que derivó en la guerra en Gaza del pasado verano, su misión se complica. Uno de los participantes palestinos tenía parientes vinculados a Hamás, y decidió no acudir por miedo a ser represaliado.

En opinión de Stein, el argumento que esgrime parte del espectro político israelí de que no hay socio para hacer la paz es falso. “Es pura hasbará (propaganda). Lo aprendí tras años rodando en los pueblos palestinos, dónde jamás pasé miedo. Si los enemigos se encuentran con respeto y hospitalidad, no hay problemas”. Su experiencia le sirvió para confirmar que, además de las consecuencias de la ocupación, el verdadero obstáculo es el desconocimiento mutuo. “Los políticos israelíes jamás han pisado Ramallah. Si se pararan a hablar con los palestinos en los cafés, escucharían su opinión sobre la construcción de más asentamientos”, asegura. A su vez, se muestra crítico con organizaciones pacifistas que, en su opinión, demonizan a los colonos sin tan siquiera haber cruzado nunca el muro que divide Israel de los Territorios Palestinos.

El largometraje combina escenas de violencia con otras de esperanza. Tras unPrice Tag (ataque vengativo) en que colonos cortaron de raíz los olivos de un agricultor palestino, Alí aparece en escena e invita a los agresores a encontrarse y hablar cara a cara. “El conflicto les ha hecho perder la humanidad. Es absurdo: colonos destrozan arboles, y otros colonos vienen a replantarlos”, comenta refiriéndose a sus colegas judíos Nachum y Shaul. Poco después, aparece el palestino Ziad, que tras tres años luchando por lograr un permiso para cruzar el muro, logró la autorización concedida por el ejército hebreo. Emocionado, aparece bañándose por primera vez en su vida en las aguas del Mediterráneo, construyendo castillos de arena con el hijo pequeño de Nachum.

A pesar del estancamiento del diálogo entre los bandos enfrentados, Stein cree que todavía hay motivos para creer en la paz, pero no “bajo la coalición que ha formado Netanyahu. Hay demasiados miembros del gobierno que están en contra. Podría suceder con un cambio de coalición, ya que hay suficientes diputados en la Knesset (parlamento) con posiciones más dialogantes”. Del lado palestino, considera que también hay “políticos de derecha y muy corruptos, que siguen en el poder porque hay problemas, no soluciones”.

Manteniendo su tradición y su inquebrantable fe en Dios, el rabino Froman logró traspasar ideologías, religiones y nacionalidades. Su legado queda patente en las chocantes imágenes del documental, que será emitido próximamente en varios países occidentales. A su vez, las proyecciones servirán para debatir con el director y algunos protagonistas del relato. Alí Abu Awad dejó claro el camino que debe seguir su pueblo: “La libertad palestina debe pasar a través de los corazones judíos”.

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