La guerra marítima entre Israel e Irán

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El reciente ataque con drones iraníes a un buque israelí muestra cómo ambos países han trasladado a las aguas del Golfo su lucha por la hegemonía en Oriente Medio

OFER LASZEWICKI

CREADA./

El ataque con cuatro drones suicidas del pasado 29 de julio a un buque petrolero de propiedad israelí frente a las costas de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) supuso un inédito y explosivo precedente. En los disparos a la embarcación “Mercer Street”, que navegaba bajo bandera de Liberia, de propiedad japonesa y con financiación del billonario israelí Eyal Ofer, fallecieron dos tripulantes: un británico y otro rumano.

Las dos víctimas, aparentemente no pretendidas por Irán, elevaron al marco internacional la “guerra fría marítima” que se intensificó en los últimos meses. En la pugna que libran el estado judío y el régimen de los ayatolás en las estratégicas aguas del Golfo Pérsico, el ataque mortal supuso el quinto asalto sobre una embarcación de propiedad israelí en lo que va de año. Según una investigación norteamericana, los restos de un dron explosivo hallados a bordo a bordo del “Mercer Street” indicaban que eran de producción iraní. La cosa no quedó ahí: el pasado martes se detuvo repentinamente el tráfico de cinco cargueros. Un barco con bandera panameña logró salvarse de un intento de sabotaje por parte de hombres armados iraníes, que según oficiales británicos pretendían desviarlo hacia un puerto de la República Islámica. La rápida respuesta de la tripulación frustró el plan.

Por otra parte, en los últimos meses se reportaron múltiples agresiones contra cargueros iraníes atribuidas a Israel. En marzo, Irán “consideró todas las opciones” tras un ataque a un carguero en aguas del Mediterráneo. Un mes después, el naviero Saviz fue golpeado por una explosión en el Mar Rojo. Para Amos Harel, analista militar de Ha’aretz“no fue Irán quien abrió el frente marítimo, sino Israel. Lleva dos años atacando (sin víctimas mortales) embarcaciones que transportan petróleo de Irán a Siria, cuyos beneficios económicos llegan a Hezbolá”. Harel destaca que se trata de uno de los frentes en una campaña extensa contra el archienemigo regional de Israel, que incluye los centenares de ataques aéreos de la última década –varios en las últimas semanas- sobre posiciones de milicias proiraníes en Siria. De hecho, expertos israelíes conciben el ataque mortal con drones en aguas del Golfo Pérsico como una represalia iraní por un reciente bombardeo de cazas israelíes en la zona siria de Al Qusseir, en la frontera con el Líbano, que mató a dos milicianos de Hezbolá.

La muerte de los dos tripulantes dejó a Israel en una posición comunicativa favorable. Al parecer, el primer ministro Naftali Bennett apostó por consolidar un consenso internacional contra Irán antes de impulsar un ataque directo, vía sabotaje cibernético o un “misterioso” estallido en suelo iraní. Washington y Londres culpabilizaron a Teherán y elevaron el tono, y Jerusalén buscaba una resolución condenatoria del consejo de seguridad de la ONU, que difícilmente contaría con el visto bueno de Rusia y China.

Las amenazas y reproches mutuos tras las escaramuzas marítimas subieron de tono. Este jueves, el portavoz del ministerio de exteriores iraení, Saeed Khatibzadeh, alertó: “cualquier acto estúpido contra Irán será recibido con una respuesta decisiva. No nos pongáis a prueba”. Por su parte, el ministro de defensa israelí, Benny Gantz, aseguró que Israel está preparado para una confrontación militar directa. Pero antepuso el frente diplomático: “no podemos catalogar a Irán como un problema exclusivo israelí, y absolver al resto del mundo de este asunto”. De no lograr el consenso internacional, Bennett avisó que “también sabemos cómo actuar en solitario”.

Pese hay quienes prevén que Irán podría rebajar el perfil de sus acciones en el Golfo Pérsico, el recién electo presidente Ebrahim Raisi no renunciará a su agenda: la hegemonía regional, avanzar el plan para la obtención de armamento nuclear, y seguir financiando y armando a las milicias chiitas en Iraq, Siria, Yemen y el Líbano.

A finales de agosto se reanudaran en Viena las conversaciones para el posible reingreso de EE.UU. al pacto nuclear de las grandes potencias con Irán. Pero la inteligencia israelí anticipa que podría ser un movimiento inútil, ya que Teherán podría haber alcanzado ya el nivel de enriquecimiento necesario para producir bombas atómicas. En su inminente visita a Washington, Bennett intentará hacer desistir a Joe Biden de seguir por la via negociadora con Teheran. La estrategia conjunta de sus antecesores Donald Trump y Benjamín Netanyahu, marcada por las duras sanciones económicas norteamericanas, la muerte del general Qassem Suleimani y los asesinatos de destacados científicos atribuidos al Mosad israelí, no lograron frenar el avance nuclear del régimen de los ayatolás.

En un comunicado emitido el viernes, los ministros de exteriores del G7 acusaron a Irán del ataque mortal con drones: “fue una acción deliberada sin justificación, una clara violación de la legalidad internacional”. Y agregaron: “el apoyo iraní a fuerzas proxy en la región amenaza la paz y la seguridad”. Khatibzadeh, el portavoz iraní, lo concibió como “alegaciones sin fundamento”, y acusó a Israel de fomentar una conspiración para debilitar a Teherán ante la inminente toma de posesión de Raisi.

Reportaje publicado en “La Razón”:
https://www.larazon.es/internacional/20210809/rqrwrodh7fcebbmbww7pabbp6i.html

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