La encrucijada de Jerusalén oriental

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Ofer Laszewicki Rubin – Jerusalén Este

No existe una frontera física y visible que separa las dos Jerusalén. Pero la transición de un lado al otro se palpa al instante: los modernos e históricos edificios de piedra blanquecina, renovados bulevares, carreteras asfaltadas y limpias o el eficaz sistema de transporte público de la parte occidental contrastan con el panorama destartalado del sector oriental. En una carretera de curvas en Ras al Amud, el veterano Nasser apunta con su dedo el asfalto despeñado, un lugar extremamente peligroso para la circulación donde ya se han registrado múltiples accidentes. Aquí, las calles lucen sucias y polvorientas, todo es caótico y sobre urbanizado, el tráfico es descontrolado y hay una falta flagrante de infraestructuras.

Los palestinos aspiran a que Jerusalén se convierta en la capital de su estado. En rondas de negociaciones de paz pasadas para resolver el conflicto palestinoisraelí y el espinoso estatus de la ciudad santa, se puso sobre la mesa la opción de convertir la parte Este en la capital del estado palestino. Tras la victoria en la Guerra de los Seis Días en junio de 1967, Israel conquistó la parte oriental de la ciudad, que entonces estaba bajo control de Jordania. En 1980, la knesset aprobó una ley para aplicar de facto la soberanía israelí sobre toda la área metropolitana de la urbe. Desde entonces, Israel la considera su “capital eterna e indivisible”. Sobre el terreno, no obstante, esa unidad no se percibe.

Vista general del barrio de Ras al-Amud de Jerusalén Este / Foto: Ofer Laszewicki

Los residentes de la parte oriental de Jerusalén, unos 327.000 habitantes –de un total de 882.700- conforman un 37% de la población. Según datos de la ONG “Terrestrial Jerusalem”, el ayuntamiento solo destinó entre el 10% y el 12% de su presupuesto anual en inversiones en esta área. Existe entre los palestinos de los barrios orientales un grito de protesta generalizado por la degradación de sus barrios, pero hay división de opiniones sobre cómo deben solucionarse las múltiples carencias. Días antes de las elecciones municipales, Aurora recorrió diversos barrios del Este de la ciudad para escuchar testimonios de miembros de la sociedad civil local.

 

ELECCIONES MUNICIAPLES: ¿NORMALIZACIÓN O BOICOT?

Aziz Abu Sarah, activista y emprendedor local, pretendía hacer historia y convertirse en el primer alcalde palestino de Jerusalén. Residente del barrio de Wadi Joz, anexo al casco antiguo, anunció semanas antes de los comicios el lanzamiento de la plataforma “Al-Quds Lana” (Jerusalén es nuestra), desafiando el histórico boicot a las urnas en los barrios de la parte Este. En las pasadas elecciones de 2013, un escaso 1% utilizó su derecho a voto.

“Reivindicamos nuestros derechos. Debemos preservar nuestra identidad palestina, buscar soluciones a la falta de clases en las escuelas, frenar las demoliciones de casas, permisos para construcción y otros asuntos. Pagamos impuestos como los residentes de la parte Oeste, pero no recibimos inversiones a cambio”, explicó en una entrevista publicada por The Times of Israel.

Como se rumoreaba, su lista –apoyada también por activistas judíos jerosolimitanos- fue tumbada pocos días después de oficializarse. Recibió presiones desde todos los frentes: “Cuando fui a renovar mis documentos para viajar al ministerio de interior en el aeropuerto, el funcionario me dijo que el sistema no se lo permitía porque había un problema con mi residencia”, señaló Sarah. En ocasiones, Israel ha retirado el estatus de residente a palestinos de Jerusalén, alegando que ya no tenían su “centro de vida” en la ciudad. El entonces candidato temió correr la misma suerte. Por otra parte, él y su familia recibieron graves amenazas de activistas palestinos “contra la normalización”, sectores que reniegan de cualquier cooperación con los israelíes porque “supone aceptar la ocupación” y la soberanía de Israel en sus barrios.

Montañas de basura a la entrada de Issawiye, cerca de la Universidad Hebrea. / Foto: Ofer Laszewicki

Además, el defenestrado candidato protestó por la nula cobertura recibida en la prensa palestina local: “tenía una entrevista concertada, pero me llamaron de Palestine TV para avisar que se posponía. Nunca llamaron de vuelta. Está claro que alguien tomó la decisión de vetarla”.

Mientras que Abu Sarah no logró mantener su candidatura, otro palestino de Jerusalén, Ramadan Dabash, si pudo presentar una lista para los comicios. Este ingeniero y líder comunitario del barrio de Sur Baher militó en el pasado en el Likud, el partido de la derecha israelí encabezado por el primer ministro Benjamin Netanyahu. Con un talante más pragmático, Dabash anunció que “no le pedimos a nadie que se convierte en israelí, cambie de religión, renuncie a la mezquita de Al-Aqsa o se enrole en el ejército. Lo que pedimos son mejores servicios. Necesitamos una voz en el ayuntamiento que luche por nuestros derechos”.

 

LOS ATRAPADOS

En un mirador a la entrada del barrio de Issawiye, el israelí Hagai Agmon, director del “Jerusalem Intercultural Center”, apunta con su dedo hacia el horizonte, donde se divisa un tumultuoso barrio de aleatorias construcciones prácticamente pegadas, amontonadas, en permanente construcción, y delimitadas por un serpenteante muro de hormigón armado. Es el campo de refugiados de Shuafat, fundado en 1965, y que albergó a partir de 1967 a palestinos que huyeron de sus casas tras la conquista israelí de Jerusalén oriental.

Hagai Agmon, en un mirador frente al campo de refugiados de Shuafat. / Foto: Ofer Laszewicki

Shuafat es, probablemente, el lugar más castigado, cabreado y marginado del este de la ciudad. La construcción de la valla de seguridad –o muro de separación, según la narrativa palestina-, erigida tras la intensa campaña de atentados suicidas palestinos en la Segunda Intifada a principios de los años 2000, dejó al enclave aislado del resto de Jerusalén este. Como ocurre con otros barrios, como Kufr Aqab, estas zonas quedaron del lado este del muro, pese a estar bajo la jurisdicción de la municipalidad de Jerusalén.

Antes de la separación física, los palestinos jerosolimitanos miraban hacia el este (Cisjordania) en busca de oportunidades laborales. Pero las circunstancias actuales propiciaron un mayor acercamiento a la parte occidental de Jerusalén y el resto de Israel para subsistir económicamente.  “Hay que entender que existen multitud de puntos de vista. Rami, activista, está contra la normalización con Israel, pero por otra parte, interacciona en comisiones con el ayuntamiento y debe negociar, porque también debe vivir y solventar problemas. Aquí la lógica no es un factor, lo que prima es la supervivencia”, indica Agmon.

Justamente, el día anterior a la charla con Agmon, el anterior alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, anunció a bombo y platillo en un post de Facebook que visitó el campo de Shuafat con diez limpiadores del ayuntamiento “para terminar con la mentira de los refugiados y sacar a UNRWA (agencia de la ONU para los refugiados palestinos). Ahora nosotros somos los dueños. Aquí no hay refugiados, solo residentes”. Para Agmon, era una medida que podría haber adoptado diez años atrás, ya que “Israel debería dar servicios en las áreas más allá del muro, pero es algo que no ocurre”.

En Shuafat viven unas 20.000 personas, pero hasta hace poco los servicios municipales o la policía jamás habían cruzado más allá del checkpoint ubicado a la entrada del enclave. Barkat acusaba a UNRWA por la falta de servicios, cuyos fondos fueron drásticamente reducidos por orden de la administración Trump, por ser considerada una organización dedicada a deslegitimar a Israel.

Las carencias, pues, se solventan ilegalmente. Según Agmon, “solo el 5% de los residentes están dados de alta en la compañía de agua Guijón, pero como muchos están conectados a las cañerías ilegalmente, se necesita más capacidad”. A su vez, la compañía se queja que no recibe fondos para construir más infraestructuras. “Como no hay plan urbanístico, la población no puede conectarse a los servicios legalmente, raramente reciben los permisos”, señala.

“Aunque muchos no lo crean, la única organización que da servicio actualmente en Shuafat es la policía (israelí). En mayo de 2017 abrieron una pequeña unidad a la entrada del campo. 5 o 6 policías caminan las calles para preguntar a los residentes sobre sus carencias y ayudarles, es increíble”, prosigue Agmon. Dice que la mayoría los siguen viendo como Qowwat al ehtelal (fuerzas de ocupación), pero miran al otro lado, a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), y “ven que tampoco son la ostia. Tal vez, al no tener más opción, muchos prefieren ser parte de Israel y estar cabreados. El conflicto seguirá, pero si el ayuntamiento remodela una carretera, querrán supervisar que se haga bien. Esta es la faceta práctica de Jerusalén Este”.

Ayman, joven residente en el campo de refugiados, no esperaba nada de las elecciones municipales. Pero también es crítico con algunos vecinos: “se construye sin arquitectos ni permisos, y hay gente que aprovecha su terreno para levantar edificios y ganar buen dinero de los alquileres”. Considera que la polémica sobre UNRWA es irrelevante, porque a fin de cuentas “es un organismo que está ahí pero tampoco soluciona el problema de fondo. Es algo más simbólico. Tenemos una tarjeta de UNRWA, pero normalmente vamos al hospital en la ciudad”, dice refiriéndose a las precarias condiciones de los centros médicos del campo.

 

ESCUELAS, CASAS Y CARRETERAS EN EL LIMBO

En Jerusalén Este todo se mueve entre dos aguas, y los más pequeños no están exentos. Entre los barrios de Jabel Mukabber y Sur Baher, en las colinas al sur de la ciudad, Jaber –que prefiere no revelar su apellido por motivos de seguridad- da detalles sobre la peculiaridad del sistema educativo. “Hay 22 escuelas en el área, y aproximadamente la mitad pertenecen al ministerio de educación de Israel, y la otra mitad a la Autoridad Palestina”, indica.

Un profesor y sus alumnos de secundaria en un instituto en Tsur Baher, Jerusalén Este. / Foto: Ofer Laszewicki

Ante la curiosa mirada de los menores en el recreo de un colegio exclusivo para niños, este jefe de una comisión de profesores y encargado de mejorar el área social del centro, explica que según estipulan  los Acuerdos de paz de Oslo (1994), los padres de los menores pueden escoger entre el bagrut, la educación secundaria israelí; o el tawjihi, el sistema palestino. “Muchos terminan escogiendo el israelí, porque es más fácil y práctico”, señala, refiriéndose que a la práctica en el futuro les será más útil de cara a su futuro laboral. “Pero los padres no quieren que sus hijos olviden su historia palestina”, concluye.

Circulando por la serpenteante “vieja ruta a Belén”, la principal arteria que recorre los barrios orientales de Jerusalén, se aprecia el descuido y la conflictividad de la zona. Tras la “Intifada de los cuchillos” en 2015, en que jóvenes “lobos solitarios”, la mayoría sin afiliación política, salieron a acuchillar o arrollar israelíes en las calles de la ciudad, la policía de fronteras (“Magav”) instaló bases permanentes en los accesos de ciertos barrios palestinos, así como enormes bloques de hormigón para erguir controles de carreteras aleatorios durante escaladas de tensión.

Vislumbrando una empinada ladera, repleta de runas de obras y toneladas de basura sin recoger, Nasser aguarda para explicar otro de los grandes problemas de la zona. “Como la calzada es tan fina (y circulan vehículos en ambas direcciones) el ayuntamiento dice que no puede traer camiones para arreglar nada, recoger la basura o dar servicios básicos”.

Según este veterano activista social, han acudido en múltiples ocasiones a la sede de la municipalidad y siguieron todos los procedimientos, así como con el ministerio de salud. “Pero nos repiten que no tienen presupuesto ni forma de acceder. Nos propusieron subir la basura por nuestro propio pie, 20 minutos de caminata ascendente. Obviamente les dijimos que no. Tomé fotos de la ruta, para demostrarles que si podían acceder, y que solo nos estaban dando excusas”.

Restos de materiales de construcción sin recoger en la carretera principal de Jerusalén Este. / Foto: Ofer Laszewicki

Respecto a la participación de sus vecinos en los comicios locales, Nasser sentía en el ambiente que la mayoría, nuevamente, no acudirían a votar. “La situación política es peligrosa aquí. Estamos entre la ANP e Israel, atrapados en el medio”, apunta.

Debajo de la universidad hebrea, que corona el Monte Scopus, se extiende el barrio de Issawiye, donde Rami explicó la imposibilidad de obtener permisos de construcción, mientras protestaba por la expansión de los barrios judíos en la zona oriental de la ciudad. “Hay falta de zonas y planes de construcción. No se ha construido ningún nuevo barrio (árabe) desde 1967”, dice. Según este palestino, el área del barrio antes del 67 era de 10.000 dunam, y ahora, especialmente tras la construcción de la valla de seguridad y la autorización de un parque arqueológico anexo, la extensión se ha reducido a 700 dunam.

Para Hatem, emprendedor que vive a caballo entre Berlín y su residencia en el Monte de los Olivos, su problema principal no es su nacionalidad, “sino los derechos que tú tienes. Somos residentes permanentes, no ciudadanos. Combino pasaporte jordano, carnet palestino, y ciudadanía israelí. Es un lío, al final no sabes con que carné moverte”, alega. Tras reconocer que muchos palestinos aspiran a tener trabajos bien remunerados en la municipalidad, sentencia: “no es una cuestión de votar en las elecciones, lo principal es avanzar hacia una vida normal. Y eso va más allá del ayuntamiento”.

 

Reportaje publicado en Aurora:
http://aurora-israel.co.il/la-encrucijada-de-jerusalen-oriental

Homenaje al fiscal Nisman en Israel pide aclarar su muerte y el atentado a AMIA

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Autoridades israelíes y argentinas hicieron el pasado viernes un homenaje en el “Parque de la Amistad entre Argentina e Israel”, en el bosque de Ben Shemen, a Alberto Nisman, fiscal de la causa del atentado al AMIA -en 1994 y en el que fueron asesinadas 85 personas- en el cuarto aniversario de su muerte.

El presidente del Parlamento, Yuli Edelstein, plantó un olivo al lado de una placa conmemorativa y recitó una oración judía en hebreo, con la ayuda del embajador de Argentina en Israel, Mariano Caucino, que oró en español, y de la madre de Nisman, Sara Garfunkel.

El acto, organizado por el Fondo Nacional Judío (Keren Kayemet LeIsrael), tuvo lugar al lado del memorial que recuerda a las víctimas de los atentados a la AMIA y de la Embajada de Israel en Buenos Aires y fue atendido por autoridades y cientos de personas, en su mayoría de la comunidad argentina en Israel.

“Hoy homenajeamos a un funcionario judicial argentino, un fiscal de la nación, el doctor Natalio Alberto Nisman, que tuvo a cargo la investigación de uno de los más crueles hechos de terrorismo que sufrió la Argentina”, un acto que “constituyó un crimen imperdonable contra la humanidad, contra la Argentina y contra la comunidad judía”, dijo el embajador Caucino.

“Su esclarecimiento y castigo de los responsables es una prioridad irrenunciable del gobierno y del pueblo argentino”, aseguró el diplomático, que apuntó que su muerte “se convirtió en una nueva herida, que solo puede ser cerrada con el hallazgo definitivo de la verdad”.

“El presidente de la nación, el ingeniero Mauricio Macri, ha expresado en palabras y hechos su compromiso con la pronta resolución de la investigación del atentado de AMIA y de la muerte del doctor Nisman en el marco de la más estricta separación de poderes”, recordó.

El presidente de AMIA, Agustín Zbar, declaró que el homenaje de hoy “es importante porque ayuda a internacionalizar el reclamo de justicia tanto por el asesinato de Alberto Nisman como por la causa de AMIA. Estamos convencidos de que están directamente vinculados, por eso, todo lo que contribuya a llamar la atención del mundo sobre la muerte de Nisman también va a conducir seguramente a esclarecer todos los hechos que vinculan a Irán y Hezbollah con el atentado terrorista de la AMIA”.

Jorge Knolobitz presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), declaró: “Estuve con Alberto Nisman tres días antes de su muerte y no vi un suicida, vi a un hombre valiente, preocupado por avanzar, por continuar y no por interrumpir su vida. No hay suicidio que no sea anunciado y en el caso de Nisman lo único que fue anunciado y denunciado por él fue un conducta violatoria del derecho que perseguía la impunidad para los imputados” por el atentado.

Knolobitz criticó la “conducta desacertada del juez Rafecas, que desestimó la denuncia y 50 medidas de prueba que solicitó la fiscalía” y “pretendió borrar la memoria de las víctimas del atentado”, y alabó a Nisman por “combatir a quienes propagaban el discurso de odio y terrorismo”.

“Ninguna operación mediática y política podrá manchar el legado que nos dejó Alberto Nisman”, dijo, y remarcó que “nada más cobarde que atacar y difamar a alguien que no puede defenderse”.

Zbar también cree que la muerte de Nisman “se encuentra indisolublemente ligada a la tarea que llevó adelante en la causa AMIA” y aseguró que seguir trabajando por el esclarecimiento de ambas “es un imperativo moral, que se mantendrá vivo con el compromiso y la determinación de siempre hasta que encontremos la condena”.

“Necesitamos que Israel y todas las democracias del mundo sigan colaborando con nuestro país como lo hacen para enfrentar a los enemigos de la libertad”, pidió, y recalcó que todos tenemos “un mismo enemigo que quiere imponer su fanatismo con sangre y muerte” y reclamó que “los acusados iraníes, sean juzgados en Argentina”.

Sara Garfunkel, madre de Nisman, dio un corto y emocionado discurso, largamente aplaudido por los asistentes y en el que dijo: “Me hacía falta este homenaje para, de algún modo, seguir viviendo”.

EFE

El presidente de Israel, Reuven Rivlin, con Sara Garfunkel, madre del difunto fiscal argentino Alberto Nisman hace un par de días.

Reportaje publicado en Aurora:
http://aurora-israel.co.il/homenaje-al-fiscal-nisman-en-israel-pide-aclarar-su-muerte-y-el-atentado-a-amia-2

Embajador de Israel en Argentina: “estamos muy bien, la cooperación es cada vez más cercana”

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El embajador israelí en Buenos Aires recibió a Aurora en Jerusalén, donde habló de los vínculos históricos entre ambos países y la creciente cooperación bilateral.

Ilan Sztulman habla perfecto castellano, aunque se percibe de fondo cierto acento carioca. Nacido en Brasil, emigró a Israel en 1975, con 18 años. Desde 2016 ejerce de embajador de Israel en Argentina, país que desde la toma de posesión del presidente Mauricio Macri tiene un posicionamiento mucho más favorable al estado judío en todos los niveles. Sztulman recibió a Aurora en el lobby del Hotel “Crown Plaza” de Jerusalén, en medio de una intensa semana de reuniones con diplomáticos israelíes reunidos en la ciudad santa. Tenía las maletas listas: al terminar la entrevista, se marchó directo al aeropuerto para volar hacia Buenos Aires y retomar su actividad de embajador.
Ofer Laszewicki Rubin – Jerusalén 

¿Cómo definiría la relación entre Israel y Argentina desde que tomó posesión del cargo?

Creo que tuve mucha suerte. Yo llegué después del fin del gobierno de Cristina Kirchner, que fue una administración que firmó un acuerdo con Irán, hizo declaraciones que a veces eran casi antisemitas, y tenía una política muy antiisraelí podemos decir.

La actual administración es completamente lo opuesto. Macri es muy cercano a Israel, y personalmente del primer ministro Netanyahu. La vicepresidenta Gabriela Michetti también es muy cercana a Israel y a la comunidad judía. Tenemos muchos ministros judíos en el gobierno, y creo que el único rabino que ejerce una función de ministro en el mundo, Sergio Bergman. Así que estamos muy bien, la cooperación es cada vez más cercana.

Hay lazos históricos que unen a ambos países.

El pueblo argentino tiene un respeto muy grande al estado de Israel, y nosotros en Israel también tenemos un cariño muy grande al estado de Argentina. Hay acá en Israel más de 90.000 argentinos, hay una cultura judía y pro israelí muy vibrante en Argentina, así que después de dos años y medio que estoy ahí mi balance es muy positivo.

Israel y Argentina son países de inmigración, donde la mayoría de la población vino de Europa, el Imperio Otomano o España: gente de todos lados como en Israel, y esto crea una cultura muy vibrante, la mezcla de tradiciones es algo que tenemos en común. Además, tenemos una comunidad judía muy grande y muy firmemente ligada con Argentina. Hay instituciones, escuelas rabínicas ortodoxas y masortíes o reformistas… hay de todo.

¿En qué áreas está creciendo la cooperación bilateral?

La verdad, que en casi todo. En lo cultural, trajimos nosotros orquestas sinfónicas a Argentina, y Argentina trajo acá orquestas sinfónicas. En lo político, el primer ministro Netanyahu vino después de que en 70 años ningún gobernante israelí pisó Latinoamérica. Tuvimos la visita en Israel de varias delegaciones parlamentarias y altos funcionarios.

En el ámbito comercial no estábamos cooperando como querríamos, porque Argentina entró infelizmente en una crisis financiera muy fuerte en los últimos meses, y su capacidad de hacer negocios con el exterior está momentáneamente un poco congelada.

Argentina tiene muchos recursos físicos como petróleo, gas, terrenos para plantar, y recursos humanos muy buenos, con universidades punteras. Pero lo que les falta es un ecosistema que pueda promover este tipo de conocimiento, y en Israel nosotros construimos un ecosistema muy eficiente para ello. En la embajada invertimos mucho en la parte comercial, tanto de ayudar al gobierno a hacer, como también aprender y establecer cooperaciones. Por ejemplo, sabemos que los ingenieros que salen de las universidades argentinas son muy buenos y pueden cooperar con los nuestros.

Agricultores palestinos cruzan a Israel para aprender de la tecnología agrícola

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Ofer Laszewicki Rubin – Ein Harod

Se avecinaba una mañana ajetreada en la entrada al parque natural de Ein Harod, ubicado al norte de Israel, que prácticamente acaricia la Línea Verde que delimita el límite con Cisjordania. El recinto, rodeado de kibbutzim, parques industriales y terrenos de cultivo, acogía una feria del sector de la agricultura, donde fabricantes y productores de tractores, sistemas de regadío o tomates cherry exponen sus últimas novedades.

Al evento acuden gentes de sectores y edades diversos de la sociedad israelí: jóvenes fornidos de los kibbutzim y moshavim aledaños; drusos de las aldeas de la Galilea, reconocibles por sus sombrerillos blancos y frondosos mostachos; ancianos expertos en la materia que debaten en corrillos sobre los avances agrícolas… y cientos de agricultores palestinos, que cruzaron en autobuses desde las urbes bajo administración palestina de Tulkarem y Qalqiliya.

A pesar de que el conflicto palestino-israelí sigue lejos de resolverse, en áreas específicas existe una sorprendente e inusual cooperación. Sameer Moaddi, druso israelí y director de agricultura de la administración civil israelí en Cisjordania (COGAT por sus siglas en inglés), recibió a Aurora frente a la sala de actos de la exposición, mientras saludaba efusivamente en árabe a colegas palestinos del gremio agrícola. Se le notaba especialmente jovial: “como es costumbre hace muchos años, nos encargamos de traer aquí a agricultores palestinos de forma fija. Casi no hay exhibición que se celebre en Israel en la que no traigamos a entre 300 a 600 agricultores palestinos para que participen en estas exhibiciones”, espetó.

Se percibía en los palestinos un especial interés por examinar cada parada, por preguntar a los distribuidores israelíes sobre las nuevas máquinas o herramientas expuestas. Preguntado por la particularidad de esta interacción directa –que escasamente se produce en otras áreas- Moadi afirmó que “nosotros aquí intentamos crear una oportunidad comercial, de cooperación, entre israelíes y palestinos. Al final, todos los insumos agrícolas que utilizan los palestinos o que consumen, los compran en Israel”.

Para el responsable agrícola de COGAT, la clave está en separar su actividad del resto de factores que condicionan el conflicto: “puede ser que no se dé por sentado, pero en el área agrícola existe una cooperación total. Nosotros miramos hacia adelante, para ver como ayudamos y promovemos al agricultor palestino”, aseguró. Y puso en valor varios de los proyectos desarrollados este año conjuntamente con la Autoridad Nacional Palestina (ANP): el establecimiento de dos piscifactorías; el cultivo de fresas, que empezó con un proyecto piloto de 17 dunams y tiene más de 100 con una producción de 12 toneladas por dunam; o la plantación de pepinos “baby” en la zona de Jenín, con 2.000 dunams que producen 10.000 toneladas. “Más del 60% del producto se comercializa en Israel, por lo que creo que sin el mercado israelí la agricultura palestina moriría”, opinó Moaddi.

Además de tratar de acercar al cultivador palestino a los avances israelíes, también se les imparte capacitaciones especiales en ámbitos concretos. Para Moaddi, la finalidad de esto es clara: “cuando ayudamos a desarrollar la agricultura, esto ayuda a desarrollar la economía palestina. Cuando hay una economía en crecimiento, entonces creemos que habrá también prosperidad, que traerá también seguridad y paz”. Y concluyó: “en el momento en el que construimos confianza entre las partes, yo creo que también podemos soñar con la paz. Y espero que llegue, en algún momento, lo necesitamos. Nosotros vivimos aquí juntos y tenemos que seguir viviendo. No tenemos otra opción”.

No todos los agricultores palestinos estaban dispuestos a hablar públicamente con la prensa sobre su visita a la exposición israelí. Para muchos en la opinión pública palestina, cooperar abiertamente con Israel supone una “normalización de la ocupación”. No obstante, hay quienes son más pragmáticos y priorizan sus intereses económicos cotidianos, ya que indistintamente al estatus del conflicto y las posiciones políticas personales, deben seguir sosteniendo su economía doméstica.

Mohamed Fahmi, representante de los agricultores palestinos de la gobernación de Jenín, explicó a este diario que “participar en este evento nos dio la oportunidad de identificar nuevas tecnologías que no están disponibles en el lado palestino. Transferimos estos sistemas de irrigación computarizados a territorios bajo dominio de la ANP, que nos ahorran esfuerzo y costos de los productos agrícolas, como los pepinos o las fresas”.

Fahmi enfatizó el mensaje alejado de cuestiones políticas que introdujo Sameer Moaddi: “esperemos que estas tecnologías sigan beneficiándonos, más allá de posicionamientos políticos. Lo que nos interesa es desarrollar la agricultura para el consumidor”. Tras estrechar la mano a Moaddi y un intercambio de risas y bromas, culminó agradeciendo: “gracias por estar en contacto directo con los agricultores. A fin de cuentas, nuestro único objetivo es mejorar el medio ambiente y vivir en paz”.

 

Reportaje publicado en Aurora:
http://aurora-israel.co.il/agricultores-palestinos-cruzan-a-israel-para-aprender-de-la-tecnologia-agricola

“Ulpan Bayit”: la casa para los que quieren aprender hebreo y conectar con la sociedad israelí

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Ofer Laszewicki Rubin – Florentine (Tel Aviv)

Entre calles decoradas con coloridos grafitis en el barrio de Florentine, el epicentro hípster por excelencia de Tel Aviv, adolescentes y adultos llegados de rincones de todo el mundo entran puntuales a las seis de la tarde a un humilde edificio a aprender hebreo. A diferencia de los grandes y visibles ulpanim (escuelas de hebreo) estatales, “Ulpan Bayit”, que significa casa literalmente, está ubicado en una primera planta de un bloque de viviendas particulares.

Se llama casa, porque esta escuela nació en el salón de su fundador, Yaron Sivan. Este joven telavivi, que sentía que el modelo clásico de aprendizaje del idioma local tenía ciertas deficiencias, decidió emprender y empezar a dar clases particulares en su casa. Su alumnado fue aumentando, por lo que el negocio creció, armó un joven y dinámico equipo de maestros, y alquiló un departamento entero en la calle Frenkel.

Como explicó en fluido castellano Matan Rosenstrauch, profesor en la academia que vivió un tiempo en Barcelona, “Ulpan es la palabra que describe una escuela del idioma hebreo, que es un concepto bastante antiguo. Con las llegadas de judíos que hicieron aliyá en los años 50 o 60, el estado ofreció a los judíos que llegaban clases para aprender hebreo”. Pero aclara: “hoy vivimos en un mundo más global, y a Israel, principalmente Tel Aviv, viene también mucha gente por motivos laborales o sentimentales, y hay escuelas privadas como ésta que enseñan el idioma”.

Mientras que en los ulpanim estatales, que suelen ofrecer cursos intensivos de medio año, las clases acostumbran a estar abarrotadas y el alumno apenas dispone de tiempo para interpelar al profesor, en “Ulpan Bayit” se buscó generar un ambiente más distendido, en pequeñas clases de no más de 15 alumnos, un formato que favorece la interacción. “Gente que no sabe escribir ni leer en un mes es capaz de escribir todo el alfabeto hebreo y tener conversas básicas”, señala Matan. Y prosigue: “Aprenden a manejarse en la calle, en el restaurante, el mercado… no es fácil, ya que todo es al revés, de derecha a izquierda. Supone crear un nuevo espacio en tu cerebro”.

El joven maestro también apunta otra diferencia significativa. Las academias públicas cuentan con materiales que fueron pensados para judíos que “vinieron en los primeros años y se transmitía el ideal de un Israel perfecto”, pero muchos de esos contenidos quedaron anticuados, con palabras que apenas se usan. “El idioma es algo que cambia. Por ejemplo, hay lenguajes de la comunidad gay o de la comunidad sefardí, y eso no lo tienen en cuenta”, apunta.

Además de apostar por un lenguaje más fresco, actual y basado mucho en la práctica del dialogo, Matan cuenta que en “Ulpan Bayit” tienen un discurso más abierto: “aquí hay todo tipo de profesores. Yo, por ejemplo, soy activista por la paz entre Israel y Palestina. También hay actores o bailarines. Llevamos al Ulpan cosas mucho más allá del idioma. Hablamos de cultura, de música, del conflicto, de lo que la gente quiera”. Pretenden transmitir desde el primer instante como es la vida real en la calle.

Debido al crecimiento del número de alumnos, la dirección de la academia alquiló un espacio anexo, cuya finalidad es programar eventos culturales abiertos al público. “Por ejemplo, vinieron dos músicos a dar una actuación. Entonces, durante las clases de la semana, enseñamos algunas de las palabras que iban a utilizar los artistas, y la gente escuchando la música reconocía cosas. Es también una oportunidad de aprendizaje”, cuenta Matan. También han programado charlas sobre política local y nacional, movilidad y planificación urbanística, o de abogados especializados en cuestiones de inmigración para no judíos, cuestión con la que lidian muchos alumnos y maestros de la academia, que deben afrontar, en ocasiones, arduos procesos burocráticos para obtener permisos de trabajo o residencia.

“Invitamos recientemente a la parlamentaria Meirav Mijaeli, del partido laborista, que es muy feminista. Habló de cómo de forma natural usamos el idioma hebreo en la conjugación masculina plural, y sobre como esto afecta a las relaciones entre hombres y mujeres”, añade el maestro.

A pesar de todo, reconoce las dificultades en el periodo inicial de aprendizaje. Y algunas barreras fonéticas: “a los que hablan español les cuesta mucho pronunciar la letra reish, y a los brasileros les cuesta diferenciar entre jet reish”. Para superar la habitual frustración que invade al que afronta su primer periodo de aprendizaje, Matan aconseja tener curiosidad: “si ves algo escrito en la calle, léelo. No digas que ahora no puedo porque me da dolor de cabeza. Hay cosas pequeñas, como poner notas con los nombres de los muebles en la casa, que ayudan a memorizar”.

 

Reportaje publicado en Semanario Aurora:
http://aurora-israel.co.il/ulpan-bayit-la-casa-para-los-que-quieren-aprender-hebreo-y-conectar-con-la-sociedad-israeli

 

Cristianos palestinos reciben al patriarca latino de Jerusalén para festejar la Navidad en Belén

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Ofer Laszewicki Rubin – Monasterio Mar Elías (Jerusalén)

En la víspera de Nochebuena, un grupo de palestinos cristianos se reunieron en las inmediaciones del Monasterio Mar Elías, ubicado en lo alto de una colina al sur de Jerusalén, para esperar a la comitiva del Patriarca Latino de Jerusalén y cruzar a la vecina ciudad de Belén, lugar de nacimiento de Jesús, donde se festejó la Misa del Gallo y la Navidad.

La ceremonia anual es un acto protocolario, donde se produce un inusual encuentro en harmonía entre autoridades religiosas cristianas, cargos de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y las fuerzas de seguridad israelíes. Desde la entrada al monasterio, la policía israelí se encarga de custodiar a la comitiva hasta el puesto de control para cruzar a Belén, urbe bajo control la ANP. A la entrada, efectivos policiales palestinos aguardan para tomar el relevo de seguridad y escoltarlos hasta la plaza de la Iglesia de la Natividad. Desde que las autoridades palestinas tomaron el control de Belén en 1994 tras la firma de los Acuerdos de Oslo, la población cristiana se ha reducido de 100.000 a 25.000 personas.

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Aurora reporta desde la frontera con el Líbano sobre la operación “Escudo del Norte”

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El equipo de Aurora estuvo hoy en la ciudad de Metula en el límite con el Líbano para reportar sobre los últimos acontecimientos en esta región tras el inicio de la operación “Escudo del Norte” por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel.

El portavoz del ejército israelí para la prensa internacional, Jonathan Conricus, expresó que “el objetivo de esta operación es exponer y destruir todos los túneles transfonterizos de ataque que Hezbollah ha estado cavando desde dentro del Líbano”.

Por su parte, Aviv Azuz, residente de Metula comentó: “Sé lo que pasa a mi alrededor, sé donde vivo, sé que vivimos en un barril de explosivos. Pero el ambiente y el aire extraordinarios que vivimos aquí en Metula nadie nos lo podrá quitar, tampoco Hezbollah”

link: http://aurora-israel.co.il/aurora-reporta-desde-la-frontera-con-el-libano-sobre-la-operacion-escudo-del-norte/

Mujeres judías y árabes marchan por la paz en Jerusalén

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Ofer Laszewicki Rubin – Jerusalén
20 septiembre, 2018

Mujeres judías y árabes de la organización “Women Wage Peace” (WWP) marcharon este jueves por las calles de Jerusalén para exigir la vuelta a las negociaciones y poner fin al conflicto entre Israel y Palestina. El colectivo, formado en 2014 tras la última guerra de Gaza, está compuesto por miles de mujeres de todo el territorio que organizan continuas marchas, encuentros caseros y foros de debate para intentar reavivar las esperanzas de paz.

La manifestación, que se inició frente a la puerta de Yaffo de la ciudad antigua de Jerusalén, contó con miles de participantes. La cantante Yael Deckelbaum, compositora de varias canciones relacionadas con el movimiento, se encargó de calentar motores desde un pequeño escenario, desde donde también se leyeron manifiestos reivindicativos. Entre las consignas de las concentradas podían leerse eslóganes como “solo un acuerdo de país traerá la seguridad”, “mujeres seculares y religiosas demandan un acuerdo o político”, o “si es posible”, junto a una imagen de los ex mandatarios de Egipto e Israel, Anwar Sadat y Menachem Begin, estrechándose la mano tras la firma del histórico acuerdo de paz entre ambas naciones.

Marta Roytman afirmó a Aurora que acudió a la concentración “porque no podemos sentarnos y no hacer nada cuando sabemos que nuestros hijos están acá, y los hijos del pueblo con el que tenemos conflicto también son hijos importantes y queridos para ellos. Yo creo que las madres podemos influir de forma positiva y lo que estamos pidiendo es iniciar conversaciones, esperanza, hacer algo”. Junto a ella, Golde Shaim señaló que en la zona viven “varias religiones, y yo no creo, como madre, que ninguna madre de ninguna religión quiere guerra para sus hijos. Todos creemos en la paz”.

Manifestantes judías y árabes marchan por la paz en Jerusalén

Marieta Oppenheimer, por su parte, quiso hacer hincapié en el pluralismo del movimiento de mujeres: “hay de la derecha y de la izquierda, religiosas y no religiosas, o sea todo el espectro político. Eso a mí me parece la fuerza de este movimiento, lo más importante y lo más lindo”. Su compañera Esther Diner recordó cual es la influencia de WWP: “en realidad el ejemplo nuestro es Liberia, las mujeres en Liberia lograron llegar a la paz en una situación que era un conflicto entre católicos y musulmanes. Dos mujeres decidieron encontrarse como comunidad, y exigieron que se firme la paz. Preguntada sobre el papel que ejercen durante periodos de tensión, Diner puntualizó: “y demostrar que también en momentos difíciles nosotras no tenemos miedo”.

Para Natalia Katz la clave es seguir movilizándose: “creo que la manera es seguir moviendo, seguir actuando, seguir reuniendo gente de todo el espectro político, de todo el espectro social, y sobre todo hacer la paz y lo que es la coexistencia en el día a día. Es una frase un tanto cliché, pero la paz es el camino, así que en ese estamos”.

 

Reportaje publicado en Aurora:
http://aurora-israel.co.il/mujeres-judias-y-arabes-marchan-por-la-paz-en-las-calles-de-jerusalen/

Un cubano que promueve el béisbol en Israel

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beisbol

Alejandro Eskenazi, joven judío de 28 años nacido en La Habana, emigró a Israel para practicar y promover el béisbol, deporte que empezó a practicar en Cuba desde los 8 años. Eskenazi recibió a Hispano Post en el partido inaugural de la temporada de primavera de Israel en un campo de Petah Tikva, cerca de Tel Aviv. “Hice una programa de béisbol y posteriormente me quedé aquí a vivir. Ahora juego con la selección nacional de Israel y con el equipo de Tel Aviv”, cuenta el jugador de origen cubano.

“El béisbol en Cuba es el deporte nacional, muy popular, no solo en Cuba sino en toda Latinoamérica. Una de mis ideas era traer el béisbol acá, que es un deporte no muy conocido”, continua. Y mientras calienta antes de empezar el derbi contra el equipo de Jerusalén, afirma que su meta es poder participar con el equipo nacional de Israel en las próximas olimpiadas de Japón 2020.

La nueva carrera deportiva de Eskenazi le ha brindado nuevas oportunidades: “Estuve seis meses entrenando diferentes equipos por todo Israel. Nunca había tenido esta oportunidad de enseñar béisbol fuera de mi país”. Y añade: “Hay muchos jóvenes con mucho potencial, la asociación de béisbol lleva más de 10 años en activo”.

Su compañero Hernán Guinguis, original de Buenos Aires, es uno de los veteranos del equipo, y no para de animar y enseñar a los más jóvenes. “Tratamos de ayudar a este deporte, que no es un deporte como el básquet o el futbol, deportes más conocidos. El grupo de participantes es muy chico y hay que cuidarlo”, reconoce.

*Reportaje publicado en HispanoPost
http://www.hispanopost.com/alejandro-eskenazi-el-cubano-que-promueve-el-beisbol-en-israel

Aromas y sabores internacionales se apoderan de Tel Aviv

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food

Naama Eliyahu es una joven viajera israelí que constantemente busca nuevos destinos para explorar sabores, recetas y aromas. Su pasión por la cocina callejera la animó a crear el “World Food Market”, un evento de gastronomía internacional que se celebra anualmente en Tel Aviv.

HispanoPost se adentró en el evento para descubrir los puestos de comida colombiana y chilena, que levantaron mucha expectación en el público local con sus arepas, empanadas, churros o pasteles de choclo… ¡una delicia!

* Reportaje publicado en HispanoPost