Cristianos palestinos reciben al patriarca latino de Jerusalén para festejar la Navidad en Belén

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Ofer Laszewicki Rubin – Monasterio Mar Elías (Jerusalén)

En la víspera de Nochebuena, un grupo de palestinos cristianos se reunieron en las inmediaciones del Monasterio Mar Elías, ubicado en lo alto de una colina al sur de Jerusalén, para esperar a la comitiva del Patriarca Latino de Jerusalén y cruzar a la vecina ciudad de Belén, lugar de nacimiento de Jesús, donde se festejó la Misa del Gallo y la Navidad.

La ceremonia anual es un acto protocolario, donde se produce un inusual encuentro en harmonía entre autoridades religiosas cristianas, cargos de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y las fuerzas de seguridad israelíes. Desde la entrada al monasterio, la policía israelí se encarga de custodiar a la comitiva hasta el puesto de control para cruzar a Belén, urbe bajo control la ANP. A la entrada, efectivos policiales palestinos aguardan para tomar el relevo de seguridad y escoltarlos hasta la plaza de la Iglesia de la Natividad. Desde que las autoridades palestinas tomaron el control de Belén en 1994 tras la firma de los Acuerdos de Oslo, la población cristiana se ha reducido de 100.000 a 25.000 personas.

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El coro “Rana”: Melodías que unen a mujeres judías y árabes por la paz

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Ofer Laszewicki Rubin – Tel Aviv

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El coro «Rana» en acción

Eran días calientes en Tierra Santa. Semanas atrás, el presidente norteamericano Donald Trump reconoció oficialmente Jerusalén como la capital de Israel, en un movimiento que supuso un giro en la tradicional política de Washington, que desde la fundación del estado judío en 1948 rehuyó posicionarse sobre el estatus de la delicada ciudad santa, probablemente el escollo más difícil para la resolución del conflicto palestinoisraelí. Aunque con menor dimensión de lo que se esperaba, los choques violentos entre jóvenes palestinos y las fuerzas de seguridad israelíes en Jerusalén, Cisjordania y Gaza abrieron de nuevo los telediarios de medio mundo. El guion se repetía: cocteles molotov, piedras y neumáticos en llamas frente a gases lacrimógenos, balas de goma y, en ocasiones, munición real. Casi una decena de palestinos muertos y centenares de heridos. Desde la sitiada Franja de Gaza, grupos salafistas –fuera del control de Hamás, que por ahora no está por la labor de empezar una nueva guerra- dispararon más de 40 proyectiles, haciendo sonar de nuevo las alarmas en localidades del sur de Israel. Los tambores de guerra retumbaban.

Como de costumbre, en la “burbuja” de Tel Aviv la tensión no alteró la rutina. Era viernes, víspera de shabbat, día de la semana en que el shuk (mercado) Ha’Karmel se llena hasta los topes de clientes ávidos de las mejores ofertas.  A última hora, los mercaderes venden el género fresco a precio de saldo para desprenderse de la mercancía. A escasos metros del extremo sur del shuk, un grupo de mujeres árabes, con las cabezas cubiertas con hiyabs, conversaban ante la entrada de un centro cultural. En su interior se encontraban las integrantes del coro “Rana”, que ultimaban los preparativos para un breve concierto de presentación de su nuevo disco, un evento que sería filmado para lanzar un crowfunding internacional para recaudar fondos.

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