“NO A TRAVÉS DE LAS MIRILLAS DE LOS RIFLES”

Estándar

La ONG “Combatants for Peace” (CFP) es un colectivo formado por ex milicianos palestinos y ex soldados israelíes que, tras haber experimentado en sus propias carnes la peor cara del conflicto, decidieron abandonar las armas e iniciar una batalla todavía más complicada: la lucha por la paz

sin-titulo

ENLACE AL VIDEO

Ofer Laszewicki Rubin – Jerusalén
15/11/2016

Los viernes por la mañana la estación central de tren de Tel Aviv suele abarrotarse de soldados. A escasos metros de la parada se encuentra la Hakirya, la central de mando del ejército israelí. Además de cargar con imponentes y modernas ametralladoras, los y las jóvenes reclutas también llevan a cuestas pesadas bolsas deportivas. El shabbat se acerca, y muchos aprovechan el día de descanso para pasar la jornada de reposo con sus familias.

En una esquina, unos pocos jóvenes y jubilados se agrupan bajo la sombra de un árbol. Es noviembre, pero el sol es abrasador: rondan los 27 grados. Los congregados se saludan efusivamente y sacan de sus mochilas camisetas de color gris con eslóganes en hebreo, árabe e inglés. “No a través de las mirillas de los rifles”, leo en la parte inferior de una de ellas. Son componentes de la agrupación de Tel Aviv de la ONG “Combatants for Peace” (CFP), colectivo formado por ex milicianos palestinos y ex soldados israelíes que, tras haber experimentado en sus propias carnes la peor cara del conflicto, decidieron abandonar las armas e iniciar una batalla todavía más complicada: la lucha por la paz. Maya, una apuesta muchacha que debe rondar los 30, pasa lista para comprobar que todos los inscritos en el autobús estén en sus asientos. Como cada primer fin de semana del mes, se dirigen al muro que divide Israel de Cisjordania para emprender la “Marcha por la Libertad”.

dsc_0051

Un niño palestino colabora en el montaje de muñecos gigantes para la “Marcha por la Libertad”. Foto: Georgina Noy

Continuar leyendo

Givat Ha’Viva: la institución pionera en la lucha por una sociedad igualitaria en Israel

Estándar

El valle de Wadi Ara es una región singular dentro de Israel. Ubicado en la fina región central del país y abrazando el noroeste de Cisjordania, el enclave supone un revés a la demografía mayoritaria del estado: aquí los árabes son la mayoría, cerca del 80% del padrón. Probablemente, se trata del área dónde los poblados judíos y árabes están más pegados. Desde la ruta 65 -que nace en la mediterránea localidad de Hadera y conecta con la bíblica ciudad de Nazareth- se divisa a un lado y otro de la autopista como las apretujadas localidades árabes, coronadas por sus minaretes, observan de frente a los Kibbutz y los poblados israelíes frontalmente. Los lugareños se ven y se cruzan en su rutina diaria. Pero, mayoritariamente, huyen del contacto directo. Son vecinos, pero a su vez completos desconocidos.

Los árabes -musulmanes y cristianos- que residen dentro de las fronteras de Israel conforman una quinta parte de la población y son la primera minoría más importante del país. Generalmente suelen autodenominarse como “palestinos con ciudadanía israelí”, una etiqueta frecuentemente utilizada sus dirigentes políticos. Son los que tomaron un camino alternativo durante la Nakba (desastre), eufemismo utilizado por los palestinos para calificar el nacimiento de Israel y el posterior exilio de aproximadamente 700.000 árabes a los países vecinos. Los que se quedaron aceptaron la invitación que contenía la Declaración de Independencia de Israel, que les prometía igualdad social, económica y política.

Continuar leyendo

UN RECUERDO ALTERNATIVO A TODOS LOS CAÍDOS DEL CONFLICTO

Estándar

Israel celebra esta semana su independencia, aquel 14 de mayo del 1948 en que David Ben Gurion declaró la creación de un Estado Judío solo ocho horas después de que los británicos abandonaran definitivamente su mandato en Palestina, dejando a la suerte de judíos y árabes su futuro en la eternamente disputada tierra. La declaración emitida por Ben Gurion supuso la puesta en práctica del mandato emitido por Naciones Unidas en 1947, que preveía la partición del territorio en dos estados: uno árabe y otro judío.

Michel B. Oren relató en un ensayo las vivencias de aquel momento: “Los judíos de Palestina bailaban porqué estaban a punto de lograr uno de los acontecimientos más importantes de la historia. Un pueblo que fue exiliado de su tierra natal dos mil años atrás, que ha sufrido incontables pogromos, expulsiones y persecuciones, pero que aún así jamás renunció a su identidad. Una gente que unos años atrás fue víctima de uno de los más macabros actos de matanzas masivas que acabó con una tercera parte de los judíos del mundo. Esta gente estaba volviendo a casa como ciudadanos soberanos en su estado independiente”.

Continuar leyendo