“El Estado de Israel versus Netanyahu”, arranca el juicio por corrupción contra el “premier” israelí

Estándar

El rey “Bibi” se declara inocente de los delitos de fraude, cohecho y abuso de confianza a seis semanas de las elecciones en Israel

OFER LASZEWICKI
8/2/2021

Hoy por la mañana se reanudó en la corte del distrito de Jerusalén la audiencia para debatir las acusaciones penales que se ciernen sobre el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. A menos de dos meses de los cuartos comicios en dos años en un Israel sumido en una agónica crisis política, el “rey Bibi” afronta tres causas por fraude, soborno y abuso de confianza, por presuntamente recibir regalos de lujo y tramar con propietarios de influyentes medios coberturas positivas hacia su figura a cambio de regulaciones favorables para dichas cabeceras.

Además de la segunda comparecencia del líder del Likud en la corte, se sentaron también en el banquillo de los acusados Noni Mozes, editor del popular tabloide “Yediot Aharonot”, y Shaul Elobitz y su esposa Iris, quienes fueron propietarios del gigante de telecomunicaciones Bezek y del portal informativo Walla. Los cuatro inculpados tenían la obligación de acudir presencialmente para responder ante los jueces si se consideran culpables o inocentes respecto a las causas presentadas en su contra. En todos los casos, reafirmaron su inocencia, como ya declararon previamente sus abogados en los escritos presentados.

La próxima fase será la más espinosa. La corte deberá fijar los plazos para debatir las pruebas y escuchar los testimonios involucrados en la causa, y la gran incógnita es si esto ocurrirá antes o después de la cita electoral del 23 de marzo. En una polémica intervención alejada de sus facultades ejecutivas, el presidente de la Knesset y peso pesado del Likud, Yariv Levin, pidió a los jueces que retrasen las sesiones para después de las elecciones. La sesión de ayer, de carácter técnico, sirvió para que acusación e inculpados intentaran llegar a acuerdos al respecto de testimonios y pruebas sobre las cuales no hay necesidad de debatir, para así optimizar el proceso.

Por la magnitud del mismo, hay quienes dan por hecho que las audiencias sobre las pruebas que inculpan a Netanyahu no arrancarán hasta después de la votación del 23-M.

En los accesos a la corte, decenas de manifestantes se congregaron bajo el eslogan “Crime Minister”, y como llevan haciendo durante el último medio año frente a la residencia oficial en Jerusalén, exigieron la inmediata renuncia del premier hebreo.

“¡Fracasado, mentiroso, a la cárcel!”, gritaban enfurecidos antes de su llegada, marcada por un gran despliegue policial y el corte de calles adyacentes. También imprimieron en letra grande la primera frase de la inculpación: “El estado de Israel versus Benjamin Netanyahu”. Frente a ellos, apenas dos likudniks sostenían el lema “nunca caminarás sólo” junto a un retrato del líder derechista.

Hace un mes, el “premier” desgranó su presunta inocencia en el escrito de sus abogados. Respecto a la causa 1.000, alegó que él no pidió recibir regalos de lujo de los productores de Hollywood Arnon Milchan y James Packer, sino que los recibió debido a la “profunda amistad” que les une. De la causa 4.000, dijo que no intentó revertir la línea editorial del portal Walla, sino “aportar la percepción e ideología de un político ante la opinión pública”. Y de la carpeta 2.000, dijo que no consideraba que existiera soborno en sus reveladas conversaciones con el editor de “Yediot Aharonot” y que nunca pensó en aprobar una ley para debilitar a la competencia del periódico.

La estrategia de Netanyahu

Amnon Reichman, profesor de Derecho Público, explicó en una charla con corresponsales en la que participó LA RAZÓN que los abogados de “Bibi” alegan que hay deficiencias en la causa presentada por la fiscalía. Según la legislación israelí, el asesor letrado del Gobierno debe consentir que se enjuicie a un primer ministro. Esto sí ocurrió cuando Avichai Mandelblit dio permiso para abrir la investigación, pero la defensa del premier argumenta que dicha luz verde no se presentó por escrito, y que además debe aprobarse separadamente cada componente de la investigación. Desde la acusación lo desmienten, y durante la sesión de ayer defendieron que se siguió correctamente el protocolo.

El profesor Reichman abrió otra incógnita que ya levantó polémica en el pasado: “Asumiendo que Netanyahu sea reelegido, algo realista a tenor de las encuestas que sigue liderando, ¿cambiará la ley para así obtener la inmunidad judicial mientras ejerce como primer ministro?”.

Tras finalizar la sesión, quedó pendiente la resolución de los jueces respecto a la petición de la defensa de retrasar la fase de presentación de pruebas y testimonios. La acusación en la causa 4.000 confirmó que el primer testimonio estaría listo para declarar en las próximas tres semanas, pero uno de los jueces ya anticipó que la defensa requiere más tiempo para prepararse (los abogados de Netanyahu pidieron de tres a cuatro meses), por lo que todo apunta a que la próxima audiencia se convocará tras los comicios.

En la pasada campaña, el líder del Likud prometió a sus fieles votantes que “no ocurrirá nada, porque no hay nada”.

Crónica publicada en «La Razón»:

https://www.larazon.es/internacional/20210208/7jyiyb4w5feoxjqrl2ebvqchja.html

Netanyahu acaricia la reelección en Israel

Estándar

Pese a la irrupción del partido de los generales y las acusaciones de corrupción tras 13 años en el poder, el primer ministro remonta en las encuestas y aspira a reeditar una coalición con los ultras.

036nac07fot1_9601731_20190407030747
Un cartel electoral con la imagen de Netanyahu en el centro junto a la de otros candidatos, en una calle de Jerusalén / Reuters

Ofer Laszewicki Rubin 

La mayoría de analistas y electores coinciden. Las elecciones en Israel del próximo martes tienen todos los focos puestos en una cuestión esencial: la continuación del mandato del actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, que acumula diez años consecutivos en el poder –13 en total– o la apuesta por la alternativa que ofrece el partido de los generales Kajol Lavan (Azul y Blanco) del ex jefe del Ejército Benny Gantz.

Un buen termómetro para medir la agresividad de la campaña son los vídeos electorales en las redes sociales. En la víspera del «Shabat» (día del descanso), Netanyahu aparecía serio en un mensaje para arengar a los suyos: «El Gobierno de la derecha está en peligro. Gantz y Lapid (socio de coalición del ex general) sobrepasan al Likud en unos 4 ó 5 escaños, y pretenden levantar un gobierno de izquierda. No es una imaginación: partidos afines reconocen que ya están en negociaciones. Ayman Odeh –del partido árabe Hadash– dijo que daría su apoyo a Azul y Blanco». Como ya hizo en 2015 para ganar los comicios in extremis, Netanyahu vuelve a recurrir a la incitación contra los árabes de Israel.

A su vez, el actual «premier» alertó de los peligros que supondría para Israel el fin de su carrera, que sirven para entender la ideología del partido mayoritario en la derecha israelí: «Cuando en 1992 la derecha se quedó en casa, Rabin levantó un Gobierno de izquierdas y trajo la pesadilla de los Acuerdos de Oslo. En 1999, un Gobierno de generales liderado por Barak conllevó la Segunda Intifada, que dejó más de mil israelíes muertos». Y concluyó: «Hay peligro, pero todavía no es demasiado tarde. Ellos tienen a la Prensa, el Likud os tiene a vosotros». En resumen: un no rotundo a retomar las negociaciones de paz o la eventual creación de un estado palestino.

Como explicó en una reciente entrevista televisiva en el canal 13, Netanyahu, en su última conversación con Trump, le dijo «que no habrá ningún israelí evacuado de los asentamientos, e Israel seguirá controlando todo el territorio al oeste del río Jordán». En esencia, garantizar la expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén Este, donde se estima que ya viven unos 600.000 israelíes en el territorio que los palestinos reclaman para su hipotético futuro estado.

A su favor, los seguidores del Likud presumen de una situación que consideran inmejorable de Israel en el mapa internacional, escenificado con el reciente reconocimiento de la Administración Trump de la soberanía sobre los Altos del Golán, la llegada de Bolsonaro a Jerusalén, los vínculos con la derecha populista europea o las buenas relaciones con Vladimir Putin. La derecha del Likud también hace gala de una economía fuerte en términos macroeconómicos y de ser el mejor garante para la seguridad del país, probablemente el principal factor que hace decantar el voto.

Si bien desde que general Gantz anunció su candidatura las encuestas lo han situado en primera posición en intención de voto, los últimos sondeos apuntan a que Netanyahu lograría revalidar su coalición gubernamental, con el apoyo de partidos más a la derecha del Likud y religiosos ultraortodoxos. En un parlamento de 120 diputados, las encuestas del pasado viernes otorgan tanto a Netanyahu como a Gantz alrededor de 30 escaños, y la atomización predice que se formará un parlamento con doce formaciones distintas.

La estrategia de la recién creada coalición de los generales se centra en la experiencia militar: en el primer vídeo, el partido de Gantz alardeaba de los centenares de «terroristas aniquilados» durante la última guerra de Gaza en 2014. Por otro lado, publicaba mensajes más conciliadores –«no es una vergüenza hacer renuncias por la paz»–, junto a imágenes de Begin y Sadat firmando la paz entre Egipto e Israel en 1979.

La propuesta de Gantz parece ser mano dura contra el terror y devolver la calma a las poblaciones del sur de Israel afectadas por los misiles lanzados desde Gaza, pero a su vez una apuesta por la diplomacia para buscar vías de acuerdo que logren terminar la tensa situación en el límite entre Israel y la franja costera. No obstante, los críticos de la coalición Azul y Blanco le achacan ambigüedad ideológica e inexperiencia política, y el Likud ataca a Gantz por presuntos problemas mentales del pasado, fracasos en sus negocios el pinchazo iraní de su teléfono.

En el último año se han vivido protestas semanales palestinas junto a la verja fronteriza, que han costado cerca de 200 muertos por fuego israelí y miles de heridos, y continuos lanzamientos de proyectiles y globos incendiarios por parte de Hamas y otros grupos terroristas, que estuvieron a punto de culminar en una nueva guerra cuando dos cohetes alcanzaron Tel Aviv.

Los detractores de Netanyahu, tanto en el centro izquierda como los partidos minoritarios de extrema derecha, acusan al «premier» de tibieza, de haber permitido que Hamas dicte los tiempos del conflicto, y de permitir los pagos de millones de dólares cataríes a los islamistas. A su vez, sus opositores alegan que ha puesto en peligro las instituciones democráticas del país, que promueve el odio y la división entre los israelíes y de perjudicar las relaciones con comunidades de la diáspora judía, por discrepancias sobre el monopolio del sector ultraortodoxo en las cuestiones vinculadas a la religión en el Estado judío.

Pero ni sus debilidades ni las tres imputaciones sobre Netanyahu del fiscal general del Estado en distintos casos de corrupción parecen haber menguado el apoyo del tradicionalmente fiel electorado del Likud, que sigue clamando: «¡Sólo Bibi!», como se le conoce.