Causa 4.000: otra “bomba” que pone a prueba la continuidad de Netanyahu

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Netanyahu, junto al jefe de policía Roni Alsheij (izquierda) Foto: Haim Zach / GPO

 

Ofer Laszewicki Rubin – Tel Aviv

Cuando tan solo han pasado algo más de dos semanas de la renuncia de Avigdor Liberman, el ex ministro de defensa que abandonó e hizo tambalear la coalición de gobierno por discrepancias sobre cómo afrontar el conflicto en Gaza, el primer ministro Benjamin Netanyahu afronta otra “bomba” que podría dinamitar su ejecutivo: la recomendación de la policía de llevarlo ante los tribunales por sospechas de que recibió sobornos.

A menos de un día para el final del mandato del jefe de la policía Roni Alsheij, el cuerpo policial publicó sus conclusiones sobre el llamado “caso 4.000”, tras concluir la investigación del caso que gira entorno a la compañía de telecomunicaciones Bezek y al portal de información digital “Walla News”. Además de señalar a Benjamin Netanyahu y a su mujer Sara, también se solicitó llevar ante los tribunales al empresario Shaul Elovich -ex jefe de Bezek- y su esposa Iris. Según la policía, el premier israelí cometió fraude y abuso de confianza, además de aceptar sobornos.

Los investigadores señalan que entre los años 2012 y 2017 Netanyahu intervino directamente en los contenidos de la página “Walla News” e influyó en la contratación de redactores y editores, utilizando contactos conjuntos con la pareja Elovich, que también influyó en la publicación de contenidos en el portal informativo que fueran beneficiosos para Bezek y el resto de sus actividades empresariales.

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“Infames”: la desconocida historia del “Schindler” de Bolivia que salvó a 10.000 judíos del exterminio nazi

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Ofer Laszewicki Rubin – Tel Aviv

Verónica Ormachea es una mujer boliviana enérgica y polivalente. Se considera una “eterna estudiante”. Nacida en Nueva York, graduada en Washington, pasó por las aulas de Harvard y la Sorbona de París. Le encanta escribir y viajar. Periodista, escritora, columnista, miembro de la Academia Boliviana de la lengua… Ha escrito varios libros –“Entierro sin muerte” o ” Los ingenuos”, finalista del premio nacional de novela de Bolivia- , pero la conversación telefónica con Aurora giró entorno a su obra “Infames” (2015), una investigación de la autora sobre la desconocida y fascinante historia de Mauricio Hochschild, el “Schindler” de Bolivia. Este judío de origen alemán, que hizo fortuna en el sector de la minería, logró gracias a complejas maniobras diplomáticas y poniendo millones de su bolsillo salvar del exterminio a cerca de 10.000 judíos europeos trayéndolos al país latinoamericano. Culminar este libro reforzó su vínculo y admiración por el pueblo judío, y ha visitado Israel en tres ocasiones. “Como dijo Churchill, ningún hombre razonable duda del hecho de que los judíos, son, sin lugar a dudas, la raza más formidable y notable que ha aparecido nunca el mundo”, afirma la escritora.

¿Cuándo empezó a sentir simpatía por el pueblo judío?

Siempre tuve mucha admiración, fue un pueblo injustamente perseguido desde sus orígenes. Siempre se han levantado de todas las persecuciones, y sentía mucha empatía por lo que les pasó. El Holocausto ha sido el genocidio más terrible de la historia de la humanidad. Y no hablamos de la Edad Media: fue hace 70 años, fue una brutalidad lo que pasó.

Pocos habían escuchado antes el nombre de Mauricio Hochschild, el “Schindler” boliviano.

Empecé a investigar y vi que en Bolivia existió un judío alemán millonario, Mauricio (“Moritz”) Hochschild, que vino a hacérsela a Bolivia y triunfó. Era un minero, y empezó a explotar la montaña de Potosí, la montaña más rica de la historia del mundo, principalmente rica en plata, que fue la base de la riqueza del imperio español.

También había estaño y otros minerales, y lo que le interesaba a Hochschild era el estaño más que la plata, porque tiene propiedades extraordinarias: es inoxidable, ya que tiene la propiedad de que mezclado con el acero no se oxida. Por eso era tan importante para hacer latas y envasados.

¿Cómo descubrió la actividad clandestina paralela que desarrolló el protagonista de “Infames”?

Durante la investigación descubrí, hablando con amigos judíos en Bolivia, la labor extraordinaria, en silencio, que hizo Hochschild: imagínate, convenció al presidente Busch (político y militar boliviano), hijo de un alemán y de una indígena, de que vinieran judíos a Bolivia sin condiciones, y darles visados a los judíos.

Eran tiempos en que nadie quería abrir las fronteras a los judíos.

En la reunión de Évian, Roosevelt convocó a las potencias del mundo, y ahí decidieron cerrar las fronteras para los judíos, a pesar de que sabían que la guerra se les venía encima. Y los únicos dos países del mundo que dieron visados sin condiciones fueron Shanghai (China), que entonces era territorio internacional y que permitió salvar a 17.000 judíos, y Bolivia, porque Hochschild convenció a Busch para que aprobara los visados.

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Mujeres judías y árabes marchan por la paz en Jerusalén

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Ofer Laszewicki Rubin – Jerusalén
20 septiembre, 2018

Mujeres judías y árabes de la organización “Women Wage Peace” (WWP) marcharon este jueves por las calles de Jerusalén para exigir la vuelta a las negociaciones y poner fin al conflicto entre Israel y Palestina. El colectivo, formado en 2014 tras la última guerra de Gaza, está compuesto por miles de mujeres de todo el territorio que organizan continuas marchas, encuentros caseros y foros de debate para intentar reavivar las esperanzas de paz.

La manifestación, que se inició frente a la puerta de Yaffo de la ciudad antigua de Jerusalén, contó con miles de participantes. La cantante Yael Deckelbaum, compositora de varias canciones relacionadas con el movimiento, se encargó de calentar motores desde un pequeño escenario, desde donde también se leyeron manifiestos reivindicativos. Entre las consignas de las concentradas podían leerse eslóganes como “solo un acuerdo de país traerá la seguridad”, “mujeres seculares y religiosas demandan un acuerdo o político”, o “si es posible”, junto a una imagen de los ex mandatarios de Egipto e Israel, Anwar Sadat y Menachem Begin, estrechándose la mano tras la firma del histórico acuerdo de paz entre ambas naciones.

Marta Roytman afirmó a Aurora que acudió a la concentración “porque no podemos sentarnos y no hacer nada cuando sabemos que nuestros hijos están acá, y los hijos del pueblo con el que tenemos conflicto también son hijos importantes y queridos para ellos. Yo creo que las madres podemos influir de forma positiva y lo que estamos pidiendo es iniciar conversaciones, esperanza, hacer algo”. Junto a ella, Golde Shaim señaló que en la zona viven “varias religiones, y yo no creo, como madre, que ninguna madre de ninguna religión quiere guerra para sus hijos. Todos creemos en la paz”.

Manifestantes judías y árabes marchan por la paz en Jerusalén

Marieta Oppenheimer, por su parte, quiso hacer hincapié en el pluralismo del movimiento de mujeres: “hay de la derecha y de la izquierda, religiosas y no religiosas, o sea todo el espectro político. Eso a mí me parece la fuerza de este movimiento, lo más importante y lo más lindo”. Su compañera Esther Diner recordó cual es la influencia de WWP: “en realidad el ejemplo nuestro es Liberia, las mujeres en Liberia lograron llegar a la paz en una situación que era un conflicto entre católicos y musulmanes. Dos mujeres decidieron encontrarse como comunidad, y exigieron que se firme la paz. Preguntada sobre el papel que ejercen durante periodos de tensión, Diner puntualizó: “y demostrar que también en momentos difíciles nosotras no tenemos miedo”.

Para Natalia Katz la clave es seguir movilizándose: “creo que la manera es seguir moviendo, seguir actuando, seguir reuniendo gente de todo el espectro político, de todo el espectro social, y sobre todo hacer la paz y lo que es la coexistencia en el día a día. Es una frase un tanto cliché, pero la paz es el camino, así que en ese estamos”.

 

Reportaje publicado en Aurora:
http://aurora-israel.co.il/mujeres-judias-y-arabes-marchan-por-la-paz-en-las-calles-de-jerusalen/

BUS HACIA EL PRINCIPIO DE LA PRÓXIMA GUERRA

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sderot

Ofer Laszewicki Rubin – Sderot

2:24 de la madrugada. Recibo un WhatsApp de un colega productor:

– “¿Puedes bajarte a filmar a Sderot pronto por la mañana? Dime algo, necesito respuesta urgente.”

Estoy en el sofá, viendo por televisión y en mi smartphone las alertas constantes de la mayor ráfaga de proyectiles –unos 150- lanzada desde la Franja de Gaza desde la última guerra de 2014. Residentes de pueblos, ciudades y kibbutzim de las zonas fronterizas de Eshkol, Hof Ashkelon y Sha’ar Hanegev pasaron la noche en los refugios. 11 heridos, estallidos de misiles en fachadas y vehículos e, incluso, dentro de parques infantiles en pleno centro de la ciudad de Sderot. Réplicas de la fuerza aérea del tsahal: tres muertos en Gaza, entre ellos una madre y su bebé. Bases y almacenes de armas de Hamás hechos trizas. Comienza la repetitiva espiral violenta de ataque-contraataque-recontraataque. En ésta ocasión, al parecer, por una confusión: durante una ceremonia, militantes de Hamás dispararon al aire sus rifles, y al parecer los tiros pasaron cerca de un tanque israelí apostado en la frontera. Al pensar que era un ataque, respondió. La llama prendió. Y pintaba a pistoletazo de salida a la cuarta guerra en solo 10 años.

Me dirijo a la estación de tren de Ha’hagana, al sur de Tel Aviv. La “zona caliente” está a apenas 70 kilómetros.

-“Un billete de ida y vuelta a Sderot”, solicito a la cajera.

-“Parece que la policía ha cancelado los trenes a Sderot debido a la situación de seguridad”, me comunica.

Una noticia para nada tranquilizante. Salgo, con el equipo a cuestas, hacia la estación de buses central de Levinsky. Parecer ser que de aquí si salen un bus que llega a mi destino. Pago, subo, y ponemos rumbo al sur. De repente, salta un comunicado en la radio:

– “El ejército está a punto de desalojar las comunidades fronterizas con Gaza. El gabinete de seguridad y la plana mayor se reunirán en las próximas horas para decidir si empieza la guerra”.

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Tensión en la Franja de Gaza (análisis radio)

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gazaaa

Análisis en radio en el programa “Todo Pasa” de Océano FM (Uruguay) con el periodista Cesar Sanguinetti. Hablamos sobre la violencia en la frontera de la Franja de Gaza con Israel a raíz de la “Gran Marcha del Retorno” convocada cada viernes de abril-mayo por los palestinos.

LINK AQUÍ

 

MUJERES: HAY MUCHO POR LO QUE LUCHAR

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8M

 

Ofer Laszewicki Rubin – Tel Aviv

Hace exactamente un año conmemoraba el día de la mujer sentado en un pupitre de una pequeña academia de hebreo en Florentine, al sur de Tel Aviv. Para mejorar la fluidez oral de los alumnos, la profe nos animaba a tratar temas de actualidad, así que propuso que improvisáramos un debate sobre los derechos de la mujer. “Quien crea que es importante reivindicar el día de la mujer, que levante la mano”, espetó Raz, la maestra.

Tan solo Lesly –una joven hondureña- y un servidor alzamos el dedo índice. Para el resto de la clase, mayoritariamente mujeres, el asunto no era relevante. Jóvenes y no tan jóvenes de Suiza, Alemania, Brasil o Bielorrusia, aspirantes a médicas o ejecutivas, alegaban que se trataba de una reivindicación magnificada. Incluso una aseveró que “es como otro día de San Valentín, programado para incentivar el consumismo”. Ese día regresé indignado a casa. Me percaté de que no solo los hombres, sino también muchas mujeres, no son conscientes –o no quieren serlo- de lo que sucede a su alrededor.

De igual modo que el racismo, considero que el machismo debe ser retratado y combatido contando historias cercanas -con nombres y apellidos- que puedan despertar, para empezar, unas cuantas conciencias a nuestro alrededor. Mis compañeras de “Ulpan” estaban equivocadas: la desigualdad, el abuso y la violencia contra la mujer están a la orden del día en Israel, Palestina, España, Argentina o Senegal.

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RISTOM HAILESLASIE, EL ERITREO AMENAZADO DE EXPULSIÓN QUE SUEÑA CON ESTUDIAR MEDICINA EN ISRAEL

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 – Tel Aviv

Ristom Haileslasie es un joven eritreo de 33 años que vive cerca del parque Levinsky, en el barrio de Neveh Shanan al sur de Tel Aviv. Aquí viven la gran mayoría de los cerca de 38.000 refugiados africanos, la mayoría de Eritrea y Sudán, que llegaron a Israel en busca de asilo político entre los años 2006 y 2012, y que ahora deben decidir entre ser deportados voluntariamente o ser encarcelados.

Ristom se siente en casa cuando camina por las calles del sur de la ciudad. No solo porque convive con eritreos: recientemente terminó kitá dalet (nivel alto de hebreo), y se desenvuelve a la perfección hablando el idioma local con sus buenos amigos israelíes en cafés y pubs. Siente que ahora, a pesar de todo, está disfrutando de la juventud que le robaron. Ristom nació en Adi Keyh, al sur de Eritrea. Como todo joven de 18 años en su país, tras terminar el instituto fue llamado a filas. Apenas recibía 10 dólares al mes para jabón o tabaco. Con suerte, veía a su familia una vez año. Su obsesión era poder seguir estudiando, pero su país entró en guerra con Etiopía y estuvo destinado como buzo en la marina.

“Mandé una carta al estado explicándoles que quería terminar mis estudios, pero no estuvieron de acuerdo”, explica mientras remueve una taza de té con hierbabuena en un café hípster. Ristom se envalentó y huyó. Pero le pillaron: “me encerraron en la cárcel, en una celda de un metro cuadrado bajo tierra durante tres meses”. Se estremece: “fue terrorífico. Es como esas pelis en que abren la puerta tan solo para tirarte comida. Estaba completamente solo, no vi la luz del día en tres meses. Pura oscuridad. No perdí la cordura de milagro”.

Tres meses después, vio el sol y se desplomó al instante. Recuerda que despertó con la cara empapada y tumbado en el suelo, y entonces fue trasladado a otra cárcel, esta vez abierta. Sacaban a los reos en grupo a hacer sus necesidades en campo abierto, cercados por guardas armados. Pero aprovechó el atardecer para ocultarse junto a otros tres presos entre unos árboles: “huimos de noche, sin zapatos, sin nada. Encontramos unos beduinos con sus animales, y nos dieron comida y calzado. Pero sospechábamos que podrían chivarse, así que tomamos su ayuda y seguimos huyendo”. Los muchachos se separaron. Ristom encontró a alguien que le dejó llamar a su hermano, que pidió un taxi y le llevó de regreso a casa, donde vivió recluido varios meses. Ningún vecino podía saber de su presencia.

Se cargó de esperanzas y siguió escapando: “entré en Sudán, que también es peligrosísimo. Hay beduinos que te secuestran y piden fortunas a las familias”. En una larga e incierta ruta, Ristom logró atravesar a pie Sudán y Egipto y plantarse con otros migrantes en el desierto del Sinaí. Aquí pagó su “pasaporte definitivo”: abonó 5.000 dólares a un beduino egipcio, que les condujo por una ruta clandestina para entrar a Israel. “Yo huía sin rumbo, no pensé en Israel al principio. Mi única meta era poder estudiar”. Pero matiza: “conocía la historia de Israel, leí mucho. Sobre el Mossad, el sionismo… para mí ha sido una suerte conocer a los judíos y su país, es un lugar importante con muchas cosas interesantes”. Cuenta que, tras pocos minutos en territorio israelí, fueron abordados por un jeep deltsahal: “¡no os preocupéis, somos israelíes!, les chillaron por megáfono. “Nos iluminaban, pero nosotros huíamos por instinto”, recuerda. Asegura que los soldados les brindaron un trato cordial. Era 13 de enero de 2010, época en que más de 1.000 refugiados al mes cruzaban ilegalmente la frontera de Egipto a Israel. Tras un breve periodo de dos semanas entre rejas y un cuestionario, fue soltado a su suerte en la estación central de autobuses de Tel Aviv. Otros fueron enviados a la “prisión abierta” de Holot, en el desierto del Negev, donde tenían libertad para salir de día pero debían regresar a pernoctar. Por ahora, Ristom trabaja a jornada completa en una residencia de ancianos y sigue estudiando hebreo en el barrio de Florentine: “todavía no logré entrar a la universidad, pero si sigo estudiando el idioma tal vez lo logre en el futuro”.

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Ristom Haileslasie, en una café de Tel Aviv. Foto: Ofer Laszewicki

DEPORTACIÓN VOLUNTARIA O CÁRCEL INDEFINIDA

De los aproximadamente 38.000 refugiados africanos que se encuentran en Israel, un 72% son de Eritrea y un 20% de Sudan. Los primeros huyen de una brutal dictadura y un servicio militar que puede alargarse 40 años; los segundos, de las masacres en Darfur y la guerra entre Sudan y el joven estado de Sudan del Sur. En 2014, Israel terminó de construir una barrera de 250 kilómetros en la frontera con Egipto y frenó en seco las llegadas.

La gran incógnita era que ocurriría con los miles que se instalaron en barrios humildes y sobrepoblados del sur de Tel Aviv, que asumieron la carga de acoger a los migrantes ante el abandono de las instituciones estatales. A pesar de la dureza de sus testimonios, el gobierno de Israel les considera migrantes económicos que llegan al estado judío en busca de oportunidades. “Nosotros no actuamos contra refugiados”, dijo Netanyahu en una reunión del ejecutivo. Y sentenció: “actuamos contra inmigrantes ilegales que vienen a trabajar. Israel seguirá siendo un refugio para verdaderos refugiados y expulsará a los infiltrados”. Desde 2006, tan solo un sudanés y diez eritreos han logrado estatus de refugiados en el estado judío. Dicho estatus, con variaciones en cada país, incluye permisos de trabajo, atención sanitaria, educación para los niños, asistencia para la vivienda y clases de idiomas.

Algunos residentes del sur de Tel Aviv se han movilizado los últimos años en contra de la presencia de los refugiados, alegando que “han destruido nuestros barrios” y culpándoles de un aumento de la criminalidad. Otros, no obstante, han hecho campaña para frenar el plan de deportación del gobierno. El pasadoshabbat, 20.000 personas -tanto israelíes y refugiados- se concentraron en Levinsky en una gran manifestación para parar la expulsión. El propio Ristom experimentó el mismo día de nuestra charla los nuevos planes del gobierno cuando fue a renovar su permiso de estadía mensual en Bnei Brak: “me pusieron documentos sobre la mesa y me preguntaron si aceptaba voluntariamente marcharme Ruanda. Si no aceptaba, en 60 sería ingresado en prisión. Les dije que no me voy a ningún lado, que me metan en la cárcel”. Con una admirable entereza, el joven eritreo afirma que para él “no es nada” pasar un tiempo en la prisión de Israel comparado con el terror que sufrió en su país. “No volveré a África, ahí mi vida corre peligro”.

Según testimonios de migrantes en Israel deportados a Ruanda recogidos por The Times of Israel, primero son encerrados en casas privadas y son transportados de noche a las fronteras de Sudan o Uganda. Además, les exigen cruzar sin documentación y que pidan asilo en el nuevo país tras pasar la frontera. Dos amigos de Ristom han pasado por ello tras aceptar la deportación voluntaria: “los 3.000 y pico dólares que les dio Israel ya se esfumaron. Les prometieron que tendrían todo arreglado en Ruanda y es todo mentira, te cogen tus documentos y no te los devuelven. Pagó dinero para pasar a Sudan, de ahí a Kenia, y ahora deambula por Etiopia. “¿Me voy a ir para dar vueltas por toda África?”, se pregunta Ristom. Y apunta: “muchos se perdieron por el camino, o cruzando el Mediterráneo de Libia a Europa, y no supimos más de ellos”.

“NUNCA DECIDÍ QUE SERÍA REFUGIADO”

“Nunca decidí que sería refugiado. Quiero ser un gran estudiante, abrirme al mundo, tener una profesión, ayudar… Quiero ser médico, aunque todavía no se en que especialización”, afirma Ristom. Según dice, la gran mayoría de compatriotas suyos que hacían turno en la cola para renovar su permiso de estancia en Bnei Brak rechazaron también firmar su deportación. “Tras escuchar las historias de mis amigos, tengo paciencia para estar en la cárcel lo que haga falta”.

Ristom siente que están padeciendo una injusticia, que el gobierno y el sistema les rechaza. Pero no pierde la compostura y agradece profundamente a todo el que le ayudó aquí, como aquel contratista israelí que le dio su primer empleo, le mimó, y le pagó los primeros shekels para rehacer su vida. O los jóvenes hebreos con quien se junta cada viernes para salir por clubs en Dizengoff. “Jamás sentí el racismo. Esto es como mi país, no me siento como un refugiado, no me siento un negro diferente. Seguro que existe el racismo, para a mí no me afecta”, comenta.

Cree que el gobierno hace populismo con su situación, ya que también hay en Israel muchos blancos sin papeles “pero con ellos no se meten. Nosotros no molestamos a nadie. Limpiamos las calles y las cocinas y basta”, asegura. De hecho, esta es otra de las cuestiones que destacan los contrarios al plan de deportación, ya que actualmente la economía israelí está faltada de mano de obra, especialmente en trabajos duros como la limpieza, la agricultura y la hostelería.

“Quien pasó lo que yo pasé, puede pasar hasta 20 años en la cárcel. Sobreviví al fuego… ¿y volveré para quemarme?”, se pregunta Ristom. Y continúa: “Israel no me mantendrá entre rejas 20 años, no soy un terrorista. Durante el tiempo en la cárcel podré estudiar y leer, que ahora no tengo tiempo para ello”. Y desvela cuál es su mecanismo para subsistir: “hago cosas para hoy y no pienso en el mañana. La cabeza debe estar centrada en el presente. Cuando veo el sol y me levanto a las 6 de la mañana, no sé si éste será mi día”.

 

Artículo publicado en Revista “Mozaika”
http://www.mozaika.es/ristom-haileslasie-el-eritreo-amenazado-de-expulsion-que-suena-con-estudiar-medicina-en-israel/