Israel retira los detectores y los controles de acceso de Al-Aqsa

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OFER LASZEWICKI RUBIN – JERUSALÉN

28/7/2017

Los musulmanes regresarán hoy a la Explanada de las Mezquitas después de que Israel haya retirado las medidas de acceso que colocó semanas atrás, poniendo fin a un conflicto que amenazaba con caldear a todo el mundo árabe

Tras dos semanas de extrema tensión por la crisis desatada en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, pidió ayer a los fieles musulmanes que regresen a la mezquita de Al-Aqsa. El muftí de Jerusalén –máxima autoridad religiosa islámica- declaró que “la situación ha vuelto a la normalidad, por lo que volveremos a rezar”. La decisión del liderazgo político y religioso palestino se aprobó después de que la policía israelí retirara en la madrugada del miércoles todas las medidas de seguridad colocadas en los accesos del lugar sagrado, incluidas las cámaras de video vigilancia, que fueron instaladas en sustitución de los polémicos detectores de metales que desataron la ira palestina. No obstante, el jefe de la policía en Jerusalén, Yoram Halevi, alertó que si durante el rezo de este viernes “se pretende alterar la paz, nadie debería sorprenderse si hay más muertos o heridos”. Ayer por la tarde cientos de fieles se congregaron en la explanada y, tras un corto periodo de euforia, se vivieron choques esporádicos con las fuerzas israelíes, que se saldaron con más de 50 palestinos heridos.

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Mosaico bienvenida a Trump de Women Wage Peace (WWP)

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Vídeo sobre la acción en Yaffo de la ONG Women Wage, formada por mujeres israelíes y palestinas, ante la visita oficial del presidente norteamericano Donald Trump a la región.

Las mujeres preparon un mosaico humano con el lema: «Ready for Peace»

Link: http://bit.ly/2rM9130

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UN OASIS EN MEDIO DE LA NADA

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De la serie «Tales from a Strange Land»

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“Es en el desierto del Negev donde se pondrá a prueba al pueblo de Israel. Solo uniendo nuestros esfuerzos lograremos la gran misión de poblar el desierto y hacerlo florecer. Este esfuerzo determinará el porvenir del estado de Israel y el lugar de nuestro pueblo en la historia de la humanidad”, dijo David Ben Gurión en 1955, apenas 7 años después de haber proclamado la independencia del estado judío. Amnon y Rachel Lev nacieron en 1943 y 1944, cuando Israel todavía no figuraba ni en el mapamundi. Hijos de judíos polacos llegados a la Palestina británica en los años 30, la pareja de jubilados ha vivido en sus carnes los triunfos y las tragedias de la corta pero frenética historia del pueblo israelí. Ben Gurion tenía muy claro que, para subsistir, Israel debía mirar al sur. El desierto del Negev constituye aproximadamente la mitad del territorio del país y, como apuntó el líder fundador, tan solo estaba falto “de agua y de judíos”. Amnon y Rachel forman parte de aquella generación de pioneros que poblaron e hicieron florecer el desierto. Que se construyeron, literalmente, un oasis en medio de la nada.

Ambos son oriundos del kibbutz Usha, cerca de Haifa. Fueron un claro exponente de aquel Israel profundamente socialista, ideologizado, igualitario y pobre. Mientras sus padres trabajaban como panaderos, agricultores, electricistas o cocineros, ellos pasaban la semana internados en la escuela común, donde los alumnos vivían juntos, se duchaban juntos y comían juntos.  En estas comunidades agrícolas e industriales, que sirvieron en sus inicios para acoger nuevas oleadas de inmigrantes, desarrollar la economía y fijar y proteger las futuras fronteras del país, no existía la propiedad privada. Hasta la camisa que uno vestía pertenecía al kibutz.

Cuando estalló la guerra de la Independencia en 1948, Amnon y Rachel eran unos párvulos. “Los soldados venían a comer al comedor del kibutz, y por la noche volvían al frente”, comenta el veterano hombre mientras se cubre con una manta en el sofá. “Yo tenía cuatro años. Recuerdo que hubo una alarma por la noche, y como estábamos en la casa de niños, corríamos al refugio sin nuestros padres”, cuenta su esposa. No obstante, en 1967 la entonces joven pareja sufrió en sus carnes las consecuencias de la Guerra de los 6 días. Amnon formaba parte de los paracaidistas, reconocida unidad de élite del tsahal. “Nos enviaron a Givat Ha’tashmoshet, en Jerusalén, un lugar bajo control del ejército jordano. Resistían fuerte,  y nos disparaban muy duro. Recuerdo que me enviaron con otros tres compañeros a rescatar a un herido y ni nos podíamos resguardar en el suelo por las constantes ráfagas de fuego. Fue muy duro”, rememora. La pareja ya tenía dos hijos, que vivieron la guerra refugiados en la escuela común del kibutz. “Mi padre y  yo fuimos a visitar a mi otra hermana en el Galil. De regreso a casa, sonó la sirena mientras estábamos en el autobús cerca de Akko. El conductor se puso a gritar, y nos recostamos en el andén. Vimos a un caza sirio volando sobre nuestras cabezas, y poco después como un avión israelí lo derribaba”, cuenta Rachel.

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EL MISTERIO DRUSO

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De la serie «Tales from a strange land»

Druze village Pqi'in Israel

Una mujer drusa prepara café en una casa en Peki’in, Israel. Foto: Elisa Bernal

“Nos instalamos en lo alto de las colinas para así poder ganar las guerras”, relató Hail Hamer, un druso de mediana edad que regenta un pequeño restaurante de comida local. A parte de cocinar, acoge a grupos de israelíes y turistas para contarles la historia de su gente y su pueblo, Peki’in, ubicado en una cima de las montañas de la Galilea, al norte de Israel. Orit Lev, judía de Carmiel, ha intimado durante años con sus vecinos drusos. Al encontrase con Hiamamer Abomalh se fundieron en un tierno abrazo, como si fueran verdaderas hermanas. Las dos impulsaron un taller local de confección de canastas de mimbre. “Para mí, supuso culminar un sueño”, me explicó Orit. Gracias a la artesanía logró inmiscuirse en los hogares, tradiciones y secretos de los drusos.

Antes de perdernos por las empinadas y desordenadas callejuelas de Peki’in, Orit me advirtió: “al saludarse, solo los hombres se dan la mano a los hombres, y lo mismo entre las mujeres. Y sobre todo, jamás rechaces la comida y el café. Es una ofensa para ellos”. Entrar a la casa familiar de Hiamamer fue como dar un salto atrás en el tiempo. Enérgica y dicharachera, la mujer nos invitó a tomar asiento en el sofá junto a su hermana y su padre, Yussef, un entrañable hombre de corta estatura, mostacho blanco erizado y una sonrisa de las que se contagian. “Puedes hacernos fotos, pero no las subas a Facebook”, indicó nuestra anfitriona, que junto a su hermana se apuraba en pelar y trocear toda clase de frutas para darnos la bienvenida. Amenizados en todo momento por los graznidos del pájaro enjaulado a la entrada, las mujeres abarrotaron la mesa con café turco, fruta fresca, dulces y frutos secos. “Es para que os vayáis preparando para la comida”, bromearon.

Mayoritariamente, las familias drusas viven juntas y crecen entre las mismas paredes. Generación tras generación, van construyendo nuevos pisos en la misma propiedad, que en el caso de los Abomalh mantienen pulcra y decorada cual santuario. Las mujeres tradicionalistas cubren sus cabezas con finos pañuelos de seda blanca, mientras que a los hombres se los reconoce por los graciosos sombrerillos redondos blancos y sus inconfundibles y nutridos bigotes. “Aquí es donde pasamos las frías noches de invierno”, indicó Hiamamer mostrándonos un cálido salón con una estufa de leña ubicado en la segunda planta. Las paredes están repletas de retratos, que están debidamente ordenados: en una pared hay colgadas diversas fotos de sus líderes espirituales, que a primera vista me recordaron por su aspecto a los ayatolá chiitas de Irán. En el lado opuesto lucen retratos de jóvenes y ancianos fallecidos de la familia. Y en los marcos de los cuadros y en toda clase de objetos se realzan los colores rojo, amarillo, verde, azul y blanco que conforman la bandera y la estrella de cinco puntas drusa.

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Malgrat les flames, Haifa preserva el seny

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                                                                     Foto: Georgina Noy

La mediterrània ciutat, la tercera més gran d’Israel, va quedar calcinada pels recents incendis, que van penetrar fins al cor dels barris. Ràpidament, es va estendre des del Govern i mitjans locals la sospita i l’acusació cap als àrabs. Però Haifa és diferent: aquí conviuen diverses comunitats ètniques i religioses, que sempre han apostat per mantenir la calma durant els incendis, les guerres i les Intifades.

Ofer Laszewicki Rubin – Haifa         

*(abajo, traducción a castellano)

“Vaig ser alcalde de Haifa durant la segona guerra del Líban l’any 2006 i el gran incendi del Carmel del 2010. Com llavors, vaig voler transmetre un clar missatge de seguretat i control. Cinc hores després de l’extinció de les flames, ja hi havia equips reconstruint cases”, va declarar l’alcalde de Haifa, Yona Yahav, a un grup de periodistes al porxo d’una casa afectada per les recents flames que van arrasar la ciutat.

Fa dues setmanes diversos incendis simultanis van encendre la ciutat costanera de gairebé tres-cents mil habitants, on les muntanyes es barregen amb els nuclis urbans dels seus dispersos barris. El pànic es va estendre a Haifa i altres regions del país: en qüestió d’hores, les flames es van expandir a tota velocitat, amb terribles danys naturals i estructurals. Poc després, el primer ministre israelià, Benjamin Netanyahu, va declarar que “qualsevol incendi intencionat o incitació a provocar-lo és un acte de terror. Qualsevol persona que crema o intenti cremar parts de l’estat d’Israel serà castigada de manera severa”. Diversos ministres del seu Govern, així com mitjans locals, van llançar la teoria que probablement el país havia d’afrontar un nou repte en la interminable espiral de violència del conflicte palestino-israelià: la Intifada dels focs havia començat. No obstant, l’ambient extremadament sec i la falta de pluja dels últims mesos van ser un factor clau que va contribuir a la ràpida propagació dels incendis.

Quan la tensió sacseja Israel, apareixen els sentiments d’alerta i sospita generalitzada envers els àrabs. Però la república de Haifa és una insòlita excepció. Aquí, la majoria de fonts consultades donen per superades les categories ètniques, religioses o polítiques. “No vaig poder preocupar-me pels missatges sobre terrorisme que llançaven altres polítics des del Govern [nacional]. La meva tasca era donar cobertura completa als meus veïns i veïnes. Haifa és l’única ciutat del món que duu a terme diàriament una pau real entre jueus i àrabs. No ho considerem coexistència: és existència mútua”, va reafirmar l’experimentat alcalde mentre una pluja intensa queia sobre els districtes cremats de Haifa, que encara desprenen olor de socarrim.

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