Netanyahu acaricia la reelección en Israel

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Pese a la irrupción del partido de los generales y las acusaciones de corrupción tras 13 años en el poder, el primer ministro remonta en las encuestas y aspira a reeditar una coalición con los ultras.

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Un cartel electoral con la imagen de Netanyahu en el centro junto a la de otros candidatos, en una calle de Jerusalén / Reuters

Ofer Laszewicki Rubin 

La mayoría de analistas y electores coinciden. Las elecciones en Israel del próximo martes tienen todos los focos puestos en una cuestión esencial: la continuación del mandato del actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, que acumula diez años consecutivos en el poder –13 en total– o la apuesta por la alternativa que ofrece el partido de los generales Kajol Lavan (Azul y Blanco) del ex jefe del Ejército Benny Gantz.

Un buen termómetro para medir la agresividad de la campaña son los vídeos electorales en las redes sociales. En la víspera del «Shabat» (día del descanso), Netanyahu aparecía serio en un mensaje para arengar a los suyos: «El Gobierno de la derecha está en peligro. Gantz y Lapid (socio de coalición del ex general) sobrepasan al Likud en unos 4 ó 5 escaños, y pretenden levantar un gobierno de izquierda. No es una imaginación: partidos afines reconocen que ya están en negociaciones. Ayman Odeh –del partido árabe Hadash– dijo que daría su apoyo a Azul y Blanco». Como ya hizo en 2015 para ganar los comicios in extremis, Netanyahu vuelve a recurrir a la incitación contra los árabes de Israel.

A su vez, el actual «premier» alertó de los peligros que supondría para Israel el fin de su carrera, que sirven para entender la ideología del partido mayoritario en la derecha israelí: «Cuando en 1992 la derecha se quedó en casa, Rabin levantó un Gobierno de izquierdas y trajo la pesadilla de los Acuerdos de Oslo. En 1999, un Gobierno de generales liderado por Barak conllevó la Segunda Intifada, que dejó más de mil israelíes muertos». Y concluyó: «Hay peligro, pero todavía no es demasiado tarde. Ellos tienen a la Prensa, el Likud os tiene a vosotros». En resumen: un no rotundo a retomar las negociaciones de paz o la eventual creación de un estado palestino.

Como explicó en una reciente entrevista televisiva en el canal 13, Netanyahu, en su última conversación con Trump, le dijo «que no habrá ningún israelí evacuado de los asentamientos, e Israel seguirá controlando todo el territorio al oeste del río Jordán». En esencia, garantizar la expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén Este, donde se estima que ya viven unos 600.000 israelíes en el territorio que los palestinos reclaman para su hipotético futuro estado.

A su favor, los seguidores del Likud presumen de una situación que consideran inmejorable de Israel en el mapa internacional, escenificado con el reciente reconocimiento de la Administración Trump de la soberanía sobre los Altos del Golán, la llegada de Bolsonaro a Jerusalén, los vínculos con la derecha populista europea o las buenas relaciones con Vladimir Putin. La derecha del Likud también hace gala de una economía fuerte en términos macroeconómicos y de ser el mejor garante para la seguridad del país, probablemente el principal factor que hace decantar el voto.

Si bien desde que general Gantz anunció su candidatura las encuestas lo han situado en primera posición en intención de voto, los últimos sondeos apuntan a que Netanyahu lograría revalidar su coalición gubernamental, con el apoyo de partidos más a la derecha del Likud y religiosos ultraortodoxos. En un parlamento de 120 diputados, las encuestas del pasado viernes otorgan tanto a Netanyahu como a Gantz alrededor de 30 escaños, y la atomización predice que se formará un parlamento con doce formaciones distintas.

La estrategia de la recién creada coalición de los generales se centra en la experiencia militar: en el primer vídeo, el partido de Gantz alardeaba de los centenares de «terroristas aniquilados» durante la última guerra de Gaza en 2014. Por otro lado, publicaba mensajes más conciliadores –«no es una vergüenza hacer renuncias por la paz»–, junto a imágenes de Begin y Sadat firmando la paz entre Egipto e Israel en 1979.

La propuesta de Gantz parece ser mano dura contra el terror y devolver la calma a las poblaciones del sur de Israel afectadas por los misiles lanzados desde Gaza, pero a su vez una apuesta por la diplomacia para buscar vías de acuerdo que logren terminar la tensa situación en el límite entre Israel y la franja costera. No obstante, los críticos de la coalición Azul y Blanco le achacan ambigüedad ideológica e inexperiencia política, y el Likud ataca a Gantz por presuntos problemas mentales del pasado, fracasos en sus negocios el pinchazo iraní de su teléfono.

En el último año se han vivido protestas semanales palestinas junto a la verja fronteriza, que han costado cerca de 200 muertos por fuego israelí y miles de heridos, y continuos lanzamientos de proyectiles y globos incendiarios por parte de Hamas y otros grupos terroristas, que estuvieron a punto de culminar en una nueva guerra cuando dos cohetes alcanzaron Tel Aviv.

Los detractores de Netanyahu, tanto en el centro izquierda como los partidos minoritarios de extrema derecha, acusan al «premier» de tibieza, de haber permitido que Hamas dicte los tiempos del conflicto, y de permitir los pagos de millones de dólares cataríes a los islamistas. A su vez, sus opositores alegan que ha puesto en peligro las instituciones democráticas del país, que promueve el odio y la división entre los israelíes y de perjudicar las relaciones con comunidades de la diáspora judía, por discrepancias sobre el monopolio del sector ultraortodoxo en las cuestiones vinculadas a la religión en el Estado judío.

Pero ni sus debilidades ni las tres imputaciones sobre Netanyahu del fiscal general del Estado en distintos casos de corrupción parecen haber menguado el apoyo del tradicionalmente fiel electorado del Likud, que sigue clamando: «¡Sólo Bibi!», como se le conoce.

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Causa 4.000: otra “bomba” que pone a prueba la continuidad de Netanyahu

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Netanyahu, junto al jefe de policía Roni Alsheij (izquierda) Foto: Haim Zach / GPO

 

Ofer Laszewicki Rubin – Tel Aviv

Cuando tan solo han pasado algo más de dos semanas de la renuncia de Avigdor Liberman, el ex ministro de defensa que abandonó e hizo tambalear la coalición de gobierno por discrepancias sobre cómo afrontar el conflicto en Gaza, el primer ministro Benjamin Netanyahu afronta otra “bomba” que podría dinamitar su ejecutivo: la recomendación de la policía de llevarlo ante los tribunales por sospechas de que recibió sobornos.

A menos de un día para el final del mandato del jefe de la policía Roni Alsheij, el cuerpo policial publicó sus conclusiones sobre el llamado “caso 4.000”, tras concluir la investigación del caso que gira entorno a la compañía de telecomunicaciones Bezek y al portal de información digital “Walla News”. Además de señalar a Benjamin Netanyahu y a su mujer Sara, también se solicitó llevar ante los tribunales al empresario Shaul Elovich -ex jefe de Bezek- y su esposa Iris. Según la policía, el premier israelí cometió fraude y abuso de confianza, además de aceptar sobornos.

Los investigadores señalan que entre los años 2012 y 2017 Netanyahu intervino directamente en los contenidos de la página “Walla News” e influyó en la contratación de redactores y editores, utilizando contactos conjuntos con la pareja Elovich, que también influyó en la publicación de contenidos en el portal informativo que fueran beneficiosos para Bezek y el resto de sus actividades empresariales.

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71 años del Plan de Partición: Latinoamérica en la independencia de Israel y las actuales relaciones bilaterales

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Foto izquierda: GPO – Foto derecha: Avi Ohayon / GPO

Ofer Laszewicki Rubin

“Después de un largo y exhaustivo análisis, nuestro comité unánimemente recomendó el final del mandato británico en Palestina y la independencia del país”, dijo el diplomático guatemalteco Jorge García Granados, que formó parte del Comité Especial de la ONU para Palestina. Y concluyó: ” una mayoría de nosotros votó a favor de dividir a Palestina entre árabes y judíos, para que cada una de las partes en disputa pudiera disfrutar de independencia en parte del territorio”.

La “mayoría de nosotros” a la que citaba Granados –cuyo decisivo papel en la votación del 29 de noviembre de 1947 le mereció una calle con su nombre en un suburbio de Tel Aviv- son los 13 países latinoamericanos que, con su voto positivo, fueron decisivos para la aprobación de la resolución: Bolivia, Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Finalmente, la recomendación del comité fue aprobada con 33 votos a favor, 13 en contra, y 11 abstenciones. “Mi abuelo era realmente un luchador por las causas en las que él creía que había habido injusticia”, afirmó su nieta Carla García Granados, que actualmente reside en Israel.

Las relaciones diplomáticas y comerciales entre el estado judío y los países latinos han vivido altibajos, pero parece que en la actualidad Israel está redoblando esfuerzos para afianzar sus intereses en el continente.

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Análisis: Liberman se precipita y mueve ficha en el tablero electoral israelí

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Como si fuera un caballo en una partida de ajedrez, el ya ex ministro de defensa de Israel, Avigdor Liberman (aunque su renuncia entre en vigor solo en unas horas), se precipitó en un salto adelante y anunció ayer su renuncia al cargo.

La renuncia del líder de Yisrael Beitenu –formación de derecha nacionalista secular con fuerte base entre el electorado procedente de las ex repúblicas soviéticas- deja a la coalición de gobierno de Netanyahu en una frágil minoría de 61 diputados, en una Knesset de 120 escaños. La alarma roja electoral se encendió, las cábalas sobre un avance electoral toman fuerza, y de inmediato ha empezado el tradicional toma y daca en el juego de alianzas que caracteriza la siempre imprevisible política israelí.

La crisis de gobierno vino inmediatamente después a la última explosión en la frontera de Gaza. Tras una fallida incursión de un comando especial de las FDI en la franja, que un ex general describió como “operaciones de infiltración habituales en las filas enemigas para recabar información”, los soldados fueron sorprendidos por efectivos de Hamás en la urbe de Khan Younes. Se produjo un intenso choque, que culminó con 6 integrantes del movimiento terroristas y un coronel israelí muertos.

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BUS HACIA EL PRINCIPIO DE LA PRÓXIMA GUERRA

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Ofer Laszewicki Rubin – Sderot

2:24 de la madrugada. Recibo un WhatsApp de un colega productor:

– “¿Puedes bajarte a filmar a Sderot pronto por la mañana? Dime algo, necesito respuesta urgente.”

Estoy en el sofá, viendo por televisión y en mi smartphone las alertas constantes de la mayor ráfaga de proyectiles –unos 150- lanzada desde la Franja de Gaza desde la última guerra de 2014. Residentes de pueblos, ciudades y kibbutzim de las zonas fronterizas de Eshkol, Hof Ashkelon y Sha’ar Hanegev pasaron la noche en los refugios. 11 heridos, estallidos de misiles en fachadas y vehículos e, incluso, dentro de parques infantiles en pleno centro de la ciudad de Sderot. Réplicas de la fuerza aérea del tsahal: tres muertos en Gaza, entre ellos una madre y su bebé. Bases y almacenes de armas de Hamás hechos trizas. Comienza la repetitiva espiral violenta de ataque-contraataque-recontraataque. En ésta ocasión, al parecer, por una confusión: durante una ceremonia, militantes de Hamás dispararon al aire sus rifles, y al parecer los tiros pasaron cerca de un tanque israelí apostado en la frontera. Al pensar que era un ataque, respondió. La llama prendió. Y pintaba a pistoletazo de salida a la cuarta guerra en solo 10 años.

Me dirijo a la estación de tren de Ha’hagana, al sur de Tel Aviv. La “zona caliente” está a apenas 70 kilómetros.

-“Un billete de ida y vuelta a Sderot”, solicito a la cajera.

-“Parece que la policía ha cancelado los trenes a Sderot debido a la situación de seguridad”, me comunica.

Una noticia para nada tranquilizante. Salgo, con el equipo a cuestas, hacia la estación de buses central de Levinsky. Parecer ser que de aquí si salen un bus que llega a mi destino. Pago, subo, y ponemos rumbo al sur. De repente, salta un comunicado en la radio:

– “El ejército está a punto de desalojar las comunidades fronterizas con Gaza. El gabinete de seguridad y la plana mayor se reunirán en las próximas horas para decidir si empieza la guerra”.

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Netta, la Nakba i canapès a l’ambaixada de Trump

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Ambaixada d'Estats Units a Jerusalem / Twitter @netanyahu
Ambaixada d’Estats Units a Jerusalem / Twitter @netanyahu

El passat dilluns 14 de maig, el canal de la televisió pública israeliana va dividir la seva retransmissió per emetre en directe dos esdeveniments crucials: per una banda, la cerimònia d’inauguració de la nova ambaixada d’Estats Units a Israel; d’altra, la violenta manifestació a la Franja de Gaza i la duríssima repressió per part dels franctiradors de l’exèrcit hebreu –catalogada de massacre tant a alguns mitjans locals com internacionals-, que va causar en tant sols una jornada 58 víctimes mortals i prop de 2.800 ferits, que un cop més van col·lapsar les sales d’urgències als hospitals de la franja palestina. Va ser la jornada més sagnant al territori palestí des de l´última guerra entre Israel i Hamàs l’estiu del 2014.

Com em va dir un cop el col·lega i periodista Plàcid Garcia-Planas, “Israel és un contrast constant”. Mentre el dia abans em trobava cobrint el còctel oficial amb diplomàtics d’Israel, EE.UU. i altres països  -on Netanyahu i l’ambaixador David Friedman reiteraven el missatge de que el trasllat de l’ambaixada “era un gest fonamental per avançar la pau”-, l’endemà, minuts abans de l’inici de la cerimònia oficial a l’edifici ubicat al barri d’Armon Hanatziv, el registre de morts a Gaza ja pujava a 31. Els assistents a l’acte, però, semblaven no tenir constància de l’esclat violent, i seguien impassibles prenent canapès i copes de cava per celebrar el trasllat.

La filla de Trump, Ivana, i el seu gendre, Jared Kushner, van acudir en representació del president nord-americà a la ciutat santa. En paraules de Kushner, Trump va demostrar que és un home de paraula “que fa complir les seves promeses”. El gest de Trump trenca amb la tradicional política de Washington i de la majoria de la Comunitat Internacional respecte a l’estatus oficial de Jerusalem, ja que generalment es reservava el reconeixement com a capital d’Israel (o Palestina) en el marc d’unes negociacions de pau bilaterals, que des de fa massa temps són inexistents. Cal remarcar, però, que els jueus israelians de ideologies o creences diverses sempre han considerat Jerusalem com la seva capital, on des de la seva independència s’han ubicat les residències del primer ministre, president, parlament i ministeris.

Evidentment, molts celebren el gest de suport i d’amistat de Washington, però el moviment té més simbolisme de cara al món i en la fràgil i imprevisible geoestratègia de l’Orient Mitjà que no pas en el dia a dia dels israelians. Per evitar el sacseig, potser hagués estat oportú que Trump, a més de premiar al seu aliat número 1, hagués fet alhora un anunci positiu als palestins, que més que mai necessiten un raig d’esperança davant el creixent oblit mundial respecte a la seva causa, agreujat en part pel ja gens dissimulat apropament del “mon àrab pragmàtic” –estats sunnites com Egipte, Aràbia Saudita o els Emirats Àrabs- amb Israel, que respon a interessos de seguretat compartits, com l’amenaça d’Iran o l’expansió de grups jihadistes a la regió.

A més, la data escollida per Trump va ser poc afortunadaentre el 13 de Maig, en que (part dels) israelians celebren el “Dia de Jerusalem”, que recorda la victòria militar del 1967 i la “reunificació” de la ciutat després d’ocupar-ne la part oriental; i el 15 de Maig, que rememorava el 70è aniversari de la “Nakba” (desastre) a Palestina, en que el poble palestí recorda les prop de 700.000 persones que van ser expulsades o van fugir arran de la creació de l’estat d’Israel i la posterior guerra d’independència contra els exèrcits àrabs enemics.

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RISTOM HAILESLASIE, EL ERITREO AMENAZADO DE EXPULSIÓN QUE SUEÑA CON ESTUDIAR MEDICINA EN ISRAEL

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 – Tel Aviv

Ristom Haileslasie es un joven eritreo de 33 años que vive cerca del parque Levinsky, en el barrio de Neveh Shanan al sur de Tel Aviv. Aquí viven la gran mayoría de los cerca de 38.000 refugiados africanos, la mayoría de Eritrea y Sudán, que llegaron a Israel en busca de asilo político entre los años 2006 y 2012, y que ahora deben decidir entre ser deportados voluntariamente o ser encarcelados.

Ristom se siente en casa cuando camina por las calles del sur de la ciudad. No solo porque convive con eritreos: recientemente terminó kitá dalet (nivel alto de hebreo), y se desenvuelve a la perfección hablando el idioma local con sus buenos amigos israelíes en cafés y pubs. Siente que ahora, a pesar de todo, está disfrutando de la juventud que le robaron. Ristom nació en Adi Keyh, al sur de Eritrea. Como todo joven de 18 años en su país, tras terminar el instituto fue llamado a filas. Apenas recibía 10 dólares al mes para jabón o tabaco. Con suerte, veía a su familia una vez año. Su obsesión era poder seguir estudiando, pero su país entró en guerra con Etiopía y estuvo destinado como buzo en la marina.

“Mandé una carta al estado explicándoles que quería terminar mis estudios, pero no estuvieron de acuerdo”, explica mientras remueve una taza de té con hierbabuena en un café hípster. Ristom se envalentó y huyó. Pero le pillaron: “me encerraron en la cárcel, en una celda de un metro cuadrado bajo tierra durante tres meses”. Se estremece: “fue terrorífico. Es como esas pelis en que abren la puerta tan solo para tirarte comida. Estaba completamente solo, no vi la luz del día en tres meses. Pura oscuridad. No perdí la cordura de milagro”.

Tres meses después, vio el sol y se desplomó al instante. Recuerda que despertó con la cara empapada y tumbado en el suelo, y entonces fue trasladado a otra cárcel, esta vez abierta. Sacaban a los reos en grupo a hacer sus necesidades en campo abierto, cercados por guardas armados. Pero aprovechó el atardecer para ocultarse junto a otros tres presos entre unos árboles: “huimos de noche, sin zapatos, sin nada. Encontramos unos beduinos con sus animales, y nos dieron comida y calzado. Pero sospechábamos que podrían chivarse, así que tomamos su ayuda y seguimos huyendo”. Los muchachos se separaron. Ristom encontró a alguien que le dejó llamar a su hermano, que pidió un taxi y le llevó de regreso a casa, donde vivió recluido varios meses. Ningún vecino podía saber de su presencia.

Se cargó de esperanzas y siguió escapando: “entré en Sudán, que también es peligrosísimo. Hay beduinos que te secuestran y piden fortunas a las familias”. En una larga e incierta ruta, Ristom logró atravesar a pie Sudán y Egipto y plantarse con otros migrantes en el desierto del Sinaí. Aquí pagó su “pasaporte definitivo”: abonó 5.000 dólares a un beduino egipcio, que les condujo por una ruta clandestina para entrar a Israel. “Yo huía sin rumbo, no pensé en Israel al principio. Mi única meta era poder estudiar”. Pero matiza: “conocía la historia de Israel, leí mucho. Sobre el Mossad, el sionismo… para mí ha sido una suerte conocer a los judíos y su país, es un lugar importante con muchas cosas interesantes”. Cuenta que, tras pocos minutos en territorio israelí, fueron abordados por un jeep deltsahal: “¡no os preocupéis, somos israelíes!, les chillaron por megáfono. “Nos iluminaban, pero nosotros huíamos por instinto”, recuerda. Asegura que los soldados les brindaron un trato cordial. Era 13 de enero de 2010, época en que más de 1.000 refugiados al mes cruzaban ilegalmente la frontera de Egipto a Israel. Tras un breve periodo de dos semanas entre rejas y un cuestionario, fue soltado a su suerte en la estación central de autobuses de Tel Aviv. Otros fueron enviados a la “prisión abierta” de Holot, en el desierto del Negev, donde tenían libertad para salir de día pero debían regresar a pernoctar. Por ahora, Ristom trabaja a jornada completa en una residencia de ancianos y sigue estudiando hebreo en el barrio de Florentine: “todavía no logré entrar a la universidad, pero si sigo estudiando el idioma tal vez lo logre en el futuro”.

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Ristom Haileslasie, en una café de Tel Aviv. Foto: Ofer Laszewicki

DEPORTACIÓN VOLUNTARIA O CÁRCEL INDEFINIDA

De los aproximadamente 38.000 refugiados africanos que se encuentran en Israel, un 72% son de Eritrea y un 20% de Sudan. Los primeros huyen de una brutal dictadura y un servicio militar que puede alargarse 40 años; los segundos, de las masacres en Darfur y la guerra entre Sudan y el joven estado de Sudan del Sur. En 2014, Israel terminó de construir una barrera de 250 kilómetros en la frontera con Egipto y frenó en seco las llegadas.

La gran incógnita era que ocurriría con los miles que se instalaron en barrios humildes y sobrepoblados del sur de Tel Aviv, que asumieron la carga de acoger a los migrantes ante el abandono de las instituciones estatales. A pesar de la dureza de sus testimonios, el gobierno de Israel les considera migrantes económicos que llegan al estado judío en busca de oportunidades. “Nosotros no actuamos contra refugiados”, dijo Netanyahu en una reunión del ejecutivo. Y sentenció: “actuamos contra inmigrantes ilegales que vienen a trabajar. Israel seguirá siendo un refugio para verdaderos refugiados y expulsará a los infiltrados”. Desde 2006, tan solo un sudanés y diez eritreos han logrado estatus de refugiados en el estado judío. Dicho estatus, con variaciones en cada país, incluye permisos de trabajo, atención sanitaria, educación para los niños, asistencia para la vivienda y clases de idiomas.

Algunos residentes del sur de Tel Aviv se han movilizado los últimos años en contra de la presencia de los refugiados, alegando que “han destruido nuestros barrios” y culpándoles de un aumento de la criminalidad. Otros, no obstante, han hecho campaña para frenar el plan de deportación del gobierno. El pasadoshabbat, 20.000 personas -tanto israelíes y refugiados- se concentraron en Levinsky en una gran manifestación para parar la expulsión. El propio Ristom experimentó el mismo día de nuestra charla los nuevos planes del gobierno cuando fue a renovar su permiso de estadía mensual en Bnei Brak: “me pusieron documentos sobre la mesa y me preguntaron si aceptaba voluntariamente marcharme Ruanda. Si no aceptaba, en 60 sería ingresado en prisión. Les dije que no me voy a ningún lado, que me metan en la cárcel”. Con una admirable entereza, el joven eritreo afirma que para él “no es nada” pasar un tiempo en la prisión de Israel comparado con el terror que sufrió en su país. “No volveré a África, ahí mi vida corre peligro”.

Según testimonios de migrantes en Israel deportados a Ruanda recogidos por The Times of Israel, primero son encerrados en casas privadas y son transportados de noche a las fronteras de Sudan o Uganda. Además, les exigen cruzar sin documentación y que pidan asilo en el nuevo país tras pasar la frontera. Dos amigos de Ristom han pasado por ello tras aceptar la deportación voluntaria: “los 3.000 y pico dólares que les dio Israel ya se esfumaron. Les prometieron que tendrían todo arreglado en Ruanda y es todo mentira, te cogen tus documentos y no te los devuelven. Pagó dinero para pasar a Sudan, de ahí a Kenia, y ahora deambula por Etiopia. “¿Me voy a ir para dar vueltas por toda África?”, se pregunta Ristom. Y apunta: “muchos se perdieron por el camino, o cruzando el Mediterráneo de Libia a Europa, y no supimos más de ellos”.

“NUNCA DECIDÍ QUE SERÍA REFUGIADO”

“Nunca decidí que sería refugiado. Quiero ser un gran estudiante, abrirme al mundo, tener una profesión, ayudar… Quiero ser médico, aunque todavía no se en que especialización”, afirma Ristom. Según dice, la gran mayoría de compatriotas suyos que hacían turno en la cola para renovar su permiso de estancia en Bnei Brak rechazaron también firmar su deportación. “Tras escuchar las historias de mis amigos, tengo paciencia para estar en la cárcel lo que haga falta”.

Ristom siente que están padeciendo una injusticia, que el gobierno y el sistema les rechaza. Pero no pierde la compostura y agradece profundamente a todo el que le ayudó aquí, como aquel contratista israelí que le dio su primer empleo, le mimó, y le pagó los primeros shekels para rehacer su vida. O los jóvenes hebreos con quien se junta cada viernes para salir por clubs en Dizengoff. “Jamás sentí el racismo. Esto es como mi país, no me siento como un refugiado, no me siento un negro diferente. Seguro que existe el racismo, para a mí no me afecta”, comenta.

Cree que el gobierno hace populismo con su situación, ya que también hay en Israel muchos blancos sin papeles “pero con ellos no se meten. Nosotros no molestamos a nadie. Limpiamos las calles y las cocinas y basta”, asegura. De hecho, esta es otra de las cuestiones que destacan los contrarios al plan de deportación, ya que actualmente la economía israelí está faltada de mano de obra, especialmente en trabajos duros como la limpieza, la agricultura y la hostelería.

“Quien pasó lo que yo pasé, puede pasar hasta 20 años en la cárcel. Sobreviví al fuego… ¿y volveré para quemarme?”, se pregunta Ristom. Y continúa: “Israel no me mantendrá entre rejas 20 años, no soy un terrorista. Durante el tiempo en la cárcel podré estudiar y leer, que ahora no tengo tiempo para ello”. Y desvela cuál es su mecanismo para subsistir: “hago cosas para hoy y no pienso en el mañana. La cabeza debe estar centrada en el presente. Cuando veo el sol y me levanto a las 6 de la mañana, no sé si éste será mi día”.

 

Artículo publicado en Revista “Mozaika”
http://www.mozaika.es/ristom-haileslasie-el-eritreo-amenazado-de-expulsion-que-suena-con-estudiar-medicina-en-israel/